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¿Aún se fomenta la cultura de la legalidad?
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¿Aún se fomenta la cultura de la legalidad?

En la mira

ALFREDO SALAZAR DE SANTIAGO

 

La cultura es definida con diversas acepciones. Taylor, uno de los padres de la antropología, en 1871 la definió como «ese todo complejo que incluye el conocimiento, creencias, arte, la moral, leyes, costumbres y cualquier otra capacidad o hábito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad”.

 

Respecto a la legalidad, esta se define como el acatamiento de leyes y normas específicas en un sistema jurídico, debiendo ser claras, justas, aplicadas de manera imparcial, conocidas y aceptadas por la sociedad, siendo fundamentales para el funcionamiento de un Estado de derecho y estableciendo un marco de convivencia para la protección de los derechos, garantizando la seguridad y el orden social. 

En este contexto, hablar de las violaciones a la cultura de la legalidad es cualquier acción o comportamiento que socave o transgreda los principios y normas legales establecidas en una sociedad. 

 

Una cultura de la legalidad se basa en el respeto y cumplimiento de leyes, la promoción de valores de justicia, equidad y respeto a los derechos de los demás. 

Siendo aclarado lo anterior, ¿cuántos actos de violación de la cultura de la legalidad se observan en nuestro país?

 

La pregunta surge a partir de lo que “en el pasado”, como lo repite cotidianamente nuestro Presidente de la República, era lo que más reclamaba él mismo como oposición, “respeto de la legalidad” y hoy en el poder, se le puede aplicar el dicho, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. 

 

Sin hacer señalamientos y por respeto a la inteligencia del lector, señalaremos algunas fomas en cómo se expresa la violación a la cultura de la legalidad. La primera de ellas se refiere a la corrupción como acto, donde el soborno, la extorsión y el nepotismo son ejemplos de actos corruptos por uso indebido del poder o la influencia para obtener beneficios personales o favorecer a terceros, en lugar de actuar de acuerdo con las leyes y principios éticos. 

 

Otros son los delitos como el robo, el fraude, el asesinato o permitir el tráfico de drogas, que también constituyen una clara violación a la legalidad, socavándose la seguridad y el orden establecido por las leyes y generando un clima de desconfianza y violencia en la sociedad. 

 

La impunidad es otro ejemplo de violación a la legalidad. Ante los discursos diarios de culpabilidad, pero con una falta de persecución y sanción a quienes cometen o cometieron actos ilegales, sólo se envía un mensaje de aceptación de la actuación al margen de la legalidad. 

 

Finalmente, el desacato a las leyes, común en nuestros días con imposiciones y aprobación de “leyes a modo”, actos anticipados de campaña a través de la “corcholatería”, empleo de recursos económicos públicos para hacer campaña permanente desde “la mañanera” en vez de gobernar, representan una violación de la legalidad. 

 

Hagamos conclusiones y como ciudadanos, debemos comprometernos civil y éticamente con responsabilidad y respeto a defender la ley, de lo contrario, no nos quejemos en un futuro de lo que se pudo prevenir. Al tiempo.