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Ayotzinapa
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Ayotzinapa

JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL

 

Han pasado nueve años y nada. Desafortunadamente no se ha esclarecido el crimen que se cometió en contra de los estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa en el estado de Guerrero.

 

Aquel 26 de septiembre de 2014, por la noche varios camiones que se dirigían a la Ciudad de México para la conmemoración por el 2 de octubre, fueron atacados por cuerpos policiales y hay quien afirma que hasta por el ejército, en la ciudad de Iguala.

 

No obstante, en esta ocasión el objetivo no es relatar nuevamente lo que sucedió, pues además de que existen varias versiones, no se han esclarecido por completo aquellos acontecimientos, sino más bien reflexionar acerca de lo que hoy significa aquella masacre para el normalismo nacional.

 

Si bien, detractores comentaron en su momento y todavía hoy lo hacen, acerca de que no se comportaron como un estudiante lo debía hacer, lo cierto es que tenían franca desventaja al no estar armados y menos con el grueso calibre de las fuerzas policiales, por lo que hay un abuso de autoridad flagrante.

 

En este sentido, conviene preguntarse: ¿por qué los atacaron?, ¿qué habían hecho para que la respuesta haya sido con tanta saña?, ¿por qué no solamente los detuvieron e ingresaron a los separos?, ¿quiénes dieron la orden para hacerlo o quién es el autor intelectual?, ¿por qué si existen canales oficiales de comunicación no han salido a la luz audios o alguna evidencia que de cuenta de razones y personas directamente vinculadas?

 

Así, hay muchas preguntas más, o como las anteriores en las que se oculta la realidad y que no se han aclarado en ningún nivel de gobierno, ya sea por conveniencia de algunos, por incapacidad o simplemente por opacidad, empero, la comunidad normalista del país resultó afectada por la desaparición de los 43 estudiantes.

 

Actualmente, se han hecho investigaciones por parte de autoridades, asimismo por periodistas pero han arrojado resultados poco alentadores, y no por el trágico destino que se tuvo, sino porque no aportan elementos que ayuden al esclarecimiento de tan fatídico hecho.

 

En este tenor, a nueve años, los familiares continúan en pie de lucha, manifestándose, buscando por su cuenta y entablando conversaciones en distintas dependencias y oficinas, pero hoy, en la comunidad normalista debemos levantar la voz para que continúen las indagaciones.

 

Porque, pensemos en la zozobra de los padres y madres, en la inseguridad de muchos estudiantes que por hacer valer sus derechos y cumpliendo sus obligaciones permanecen en constante peligro, pues no solo son las normales rurales quienes están en esta condición, es decir, las demás modalidades como las experimentales, las superiores y hasta los Centros de Actualización, somos parte de esta comunidad normalista nacional que sostiene el sistema educativo y somos atacados de diversas formas.

 

Por ejemplo, con políticas punitivas disfrazadas de reformas, procesos confusos y dilatadores de ingreso, cambios a diestra y siniestra de planes aún sin consolidar el anterior, embates mediáticos peyorativos y otros más.

 

Por ello, levantemos la voz los días 26 de septiembre para honrar la memoria de los 43, pero no caigamos en lo que se demanda, no hagamos disturbios y desde las aulas generemos el pensamiento crítico y como magisterio fomentemos el respeto y la educación de la niñez mexicana.