El buen vecino
Carlos Peña
Decidí nombrar el artículo del día de hoy con una frase que recurrentemente utilizamos o hemos escuchado por años, lo mismo entre quienes habitan en una misma casa, aula, calle o conviven en una oficina y que aplica para utilizarse entre municipios, entidades y naciones. Parto entonces de que tenemos claro lo que se refiere la política de “el buen vecino”.
Quién no recuerda una plática con la abuelita que nos contaba la historia de la vecina (ellas no usaban lenguaje de genero) que cuidaba el frente de su casa, barriéndolo todos los días, hasta de aquellos que no sólo no lo limpiaban, sino pasaban su basura para afectar a los vecinos cercanos; esto por citar en el ejemplo más ordinario, lo simple que resulta describir la historia del “buen vecino” y que por generaciones ha trascendido buscando la buena relación entre quienes tienen una cercanía territorial, comercial, social o vecinal que además produce un acercamiento permanente y constante, obviamente lo ideal es que sea en positivo, pero también encontramos casos donde no, de que los hay los hay, decían antes.
En política está iniciativa se atribuye en su creación y aplicación al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en el año de 1933, cuando buscó solidaridad e identidad de los países latinos con su nación, primero por la Gran Depresión y después de cara a la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945; plasmó su estrategia en lograr la solidaridad contra amenazas exteriores asumiéndose como “un buen vecino” con el resto del continente y así fomentar su cultura, su economía y principalmente estrechar lazos para atender y enfrentar causas comunes de tónica internacional respaldado por sus vecinos de Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica.
Lo anterior nos obliga a reflexionar sobre si estamos aplicando la política del “buen vecino” como país. Recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador acudió a la reunión con sus homólogos Joe Biden, de Estados Unidos y Justin Trudeau, de Canadá; si bien se abordaron temas de salud, migración, economía entre otros, uno muy importante es la inversión que ambos países realizan en México, generando empleo y con ello mejorando nuestra compleja situación financiera.
La “reforma eléctrica” que plantea el gobierno de López Obrador y su mayoría en el Congreso, ha provocado reacciones encontradas por parte de quienes han apostado a proyectos energéticos en territorio mexicano, esperemos que la cordura prive y no el capricho, la sensatez y el diálogo sean las bases y no el autoritarismo ni mucho menos la confronta internacional, para como buenos vecinos seguir acompañando ese México que nos urge tener y donde los vecinos del norte se vuelven importantes aliados.
Mención aparte merece la urgencia de construir relaciones estrechas entre entidades federativas. Nuestros vecinos Aguascalientes, Coahuila, Durango, Jalisco, Nayarit y San Luis Potosí han manifestado en los últimos días preocupación por la ola de violencia que aqueja al territorio zacatecano; problema que no se origina en el inicio de esta administración estatal, pero que sí agudizó en los últimos días, lo que nos obliga a lejos de la confrontación, urgentemente establecer comunicación, coordinación y trabajo estrecho que permita determinar las estrategias de esfuerzos comunes que atemperen este y otros temas que debe ser parte de la agenda entre gobernadores, se trata de ser “buenos vecinos”, no de dedicarnos a repartir culpas entre corresponsables.
Cierro el tema con los 58 municipios del Estado que lejos de mantener una competencia deben establecer el complemento necesario, sobre todo en los tiempos de adversidad financiera, social y política en los que les corresponde ser gobierno; la falta de programas, recursos, obras y acciones debe establecer una agenda prioritaria de atención en materia de prevención del delito, infraestructura carretera, servicios públicos y atención ciudadana que les ayude a cumplir con la alta expectativa y la demanda permanente de sus gobernados y como “buenos vecinos” apostarle a que frente a grandes problemas, grandes soluciones, soy un convencido que en equipo siempre será mejor resolver.
Ya lo cantaba Celia Cruz en La vida es un carnaval: “Todo aquel que piense que está solo y que está mal, tiene que saber que no es así, que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien. Ay no hay que llorar (no hay que llorar) que la vida es un carnaval”.

