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El políptico de la muerte
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El políptico de la muerte

De las obras más interesantes de todo el periodo novohispano se encuentra el famoso Políptico de la Muerte. Es un artefacto artístico – literario único, resguardado actualmente en el Museo Nacional del Virreinato de Tepozotlán, en el Estado de México. Su elaboración se sitúa en el siglo XVIII.

El artefacto se inserta en la tradición de objetos, cual memento mori, es decir, el recordatorio de que la muerte está próxima. Sus elementos simbólicos dan pauta sendero engaño-desengaño, así como la Vanitas. Significan, en términos muy generales, que la vida es un sueño, una ilusión, tal cual diría Segismundo en su famoso monólogo de La vida es sueño por Pedro Calderón de la Barca. El nuevo paso del ser, la muerte, es la apertura del velo a un espacio superior, retribuido por las acciones de la vida. De allí, lo esencial de llevar una vita nuova, plena.

El Políptico de la Muerte, así, promueve en sus diferentes espacios tales elementos. Se compone por una caja con una serie de facetas, pintadas, con la utilización de la emblemática. En uno de sus espacios, se cuenta con un espejo que refleja la obra, en un acto de simulacro y speculum, como si en su contrario se encontrase la verdadera forma del sentido humano. De hecho, como parte de una reflexión misma, hay una pictura con un personaje que reflexiona sobre la fragilidad del tiempo, mientras se mira al espejo.

Las cuatro caras del objeto son alusivas, por tanto, a la tradición mortuoria. En una de ellas aparece la muerte con su guadaña y una vela. En la parte superior está el ojo de Horapolo, como designio divino. Abajo, una serie de motivos como la telaraña, cual frágil del ser, el reloj de arena, la reflexión de la muerte sobre el libro, así como el corazón ardiente flechado. En otra, están las tres parcas moviendo el reloj, con la cuenta de la campana y la vela, extinguiéndose. El ojo de Horapolo en lo alto. El religioso viéndose en el espejo sobre un pozo, situado en una telaraña, y el árbol con la alusión a Adán, Eva y la serpiente. Esta imagen tiene también una serie de poemas. Otra imagen es un ser en su lecho de muerte, en la forma tradicional representada ya en el Arte del buen morir. La muerte le apunta con una flecha y arco, el demonio está debajo del lecho para tratar de conseguir esa alma, mientras que el sacerdote realiza la unción, a la protección del arcángel. Una más, es la muerte sobre una mesa, debajo de un lecho con otros motivos de carácter emblemático. La suscriptio es por demás un acto de engaño-desengaño:

Mirad de Dios la bondad

su amor, su ser, su prudencia

su sufrimiento y clemencia

aún con ver nuestra maldad.

Contemplad la eternidad:

lo pronto de la jornada

que está la hora señalada

y que la mejor criatura,

no es más que podré basura,

sombra, polvo, viento o nada.