El retrovisor y el parabrisas
Peculiar, pero descriptivo resulta el título del artículo que hoy pongo a su consideración. Imagino que quienes me hacen favor de leerme, de inmediato con el retrovisor y el parabrisas pensaron en un vehículo, obviamente volteando hacia atrás para estacionarse o conduciendo y observando de frente. Es correcto, justo a esa perspectiva intento invitarles en este artículo.
Hablar de un retrovisor significa describir el espejo que, convertido en elemento instalado en un vehículo motriz, permite observar con una precisión prácticamente real lo que se encuentra en el entorno en el que estás decidido a voltear y conducir hacia atrás.
En cambio, si es respecto al parabrisas el comentario, entonces es claro, iremos hacia delante, la vista será al horizonte, donde con cautela, prudencia y determinación podremos alcanzar esa meta o destino que nos hemos fijado. Prácticamente esa ruta es la que seguimos de manera cotidiana, casi inercial pues, avanzar es una inspiración de vida, que sí, también al conducir se vuelve necesaria.
Partimos de esa vida cotidiana, de la actividad sencilla; sin embargo, podemos remontarnos a lo escrito en la Biblia, como lo dice en Génesis 19, cuando nos narra la destrucción de Sodoma y Gomorra, en su versículo 17 “…escapa por tu vida, no mires tras ti ni pares en toda esa llanura…” O la parte que refiere el versículo 26 “entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” . La historia del mundo nos dice entonces una vez más, siempre será mejor ir y mirar hacia delante, que entretenernos o desgastarnos con lo pasado. Es pues, decidir entre el retrovisor o el parabrisas.
Ya lo dice el viejo y conocido refrán, muy al estilo del Chapulín Colorado, “para atrás ni para agarrar vuelo”. Aplica en todo y se presta para todo. En este fraseo que se convierte en realidad ineludible, en el quehacer político o en el servicio público no es una excepción, estoy convencido que la política de retrovisores sólo genera encono, pérdida de tiempo, distractores y también una oportunidad desperdiciada para demostrar de qué estás hecho. La apuesta debe ser siempre hacia delante, trazar una ruta, tener claro cómo alcanzarla, y cómo y hasta donde queremos llegar. Debemos partir de un diagnóstico responsable del espacio al que vamos, las fortalezas y debilidades que tenemos, las áreas de oportunidad existentes y los obstáculos que enfrentaremos. Imputar estos es incorrecto, ignorarlos sería irresponsable; por esto es que quien decide encabezar una causa, un proyecto, una empresa o un gobierno en cualquiera de sus niveles no puede, no debe perder un segundo buscando culpables, repartiendo responsabilidades. Preferible es encontrar soluciones, dar resultados. De nuevo frente al dilema: el retrovisor o el parabrisas.
No digo con esto que la impunidad o la omisión sean solución, por el contrario, hemos evolucionado como sociedad y en ello van también los sistemas de transparencia, de vigilancia, de revisión y sanción, de justicia. Dejemos a estos que cumplan su rol, la esencia y espíritu de su creación; en ellos radica la labor, primero de revisar, después de juzgar y finalmente de ser quienes determinen lo que se hizo bien y lo que se hizo mal. Los juicios a priori, sumarios, públicos y mediáticos no son solución, por el contrario, se convierten en una justificación vana y simplona ante la falta de resultados. No hay que estancarnos en el retrovisor, mejor vayamos firmes observando el parabrisas.
Espero que las 58 administraciones municipales, la del estado, (de la Federal casi pierdo la esperanza), puedan concentrarse en cumplir, en no fallar, en estar a la altura de la expectativa y confianza ciudadana, no podemos desperdiciar un segundo, sería catastrófico. Deben ser más las soluciones que los pretextos; apuesto a que sean más las respuestas que las justificaciones. Frente a la cruda y lastimosa inseguridad, la adversa situación financiera y la poca solidaridad en la llegada de recursos, o se da lo mejor de sí o será esta una oportunidad desperdiciada. Hay que dedicarle más a la política de parabrisas y menos a la del retrovisor.
Esperemos que para todas y todos quienes tienen esta posibilidad venga con mucho esfuerzo la satisfacción del deber cumplido, éxito y lo mejor para ustedes y sus gobernados. Sigan observando el parabrisas y conduciendo -por complejo que parezca- al ritmo de la reina del tex-mex, Selena Quintanilla, a una sola voz y cantando “Carcha, paso a pasito, no dejes de tambalear. Carcacha poco a poquito no nos vayas a dejar”.

