Feministos
La lucha feminista a lo largo de la última década ha logrado consolidarse dentro de la opinión pública, ahora se conocen sus reales objetivos y cada vez son más las mujeres que se identifican como feministas y tienen los argumentos para defender sus ideales; las marchas en las calles y los discursos en las mesas cada vez son más intensos y nos encontramos en un mundo donde las niñas incluso se defienden y rechazan estereotipos de género.
Esto ha impactado en la opinión pública de muchas, pero también ha generado reflexiones entre los hombres, son algunos ya los que identifican las desigualdades y se muestran abiertos a entender las necesidades del movimiento, proponen incluso como deben generarse los cambios en la sociedad que se requieren para lograr poner el suelo parejo y erradicar las violencias.
Estos hombres, que tienen empatía y solidaridad buscan un espacio para manifestar su inconformidad con las desigualdades de género y nos topamos con los que quieren acompañar las marchas y mostrar su apoyo o bien quienes abiertamente se llaman feministas e incluso llegan a sentirse discriminados si no se les considera dentro del movimiento.
Las marchas son espacios de expresión libre, sobre todo, segura para que aquellas víctimas de violencia de género puedan manifestarse y exigir justicia, y son ellas quienes piden un espacio libre de hombres, por lo tanto, las marchas separatistas excluyen la presencia de los hombres, cosa que les parece ofender a varios, pues quisieran protagonizar un espacio, que es claro, no les pertenece.
En alguna presentación de la periodista Catalina Ruiz Navarro, periodista feminista, nombró el término, detractores del patriarcado, y esto me pareció completamente lógico, no son necesarios los feministas, para eso nosotras nos pintamos solas, pero si necesitamos la colaboración de los hombres siendo detractores del sistema que está ejerciendo violencia sobre nosotras y también sobre ellos; necesitamos hombres que reconozcan las violencias que ejercen ellos mismos y su entorno y dejen de practicarlas, que las denuncien y las señalen. Responsabilizarse de su potencial reproductor, no distribuir pornografía o imágenes íntimas de otras personas sin su consentimiento, señalar a los violentadores domésticos y erradicar de su lenguaje y su actuar la idea de que las mujeres no tenemos los mismos derechos o somos seres débiles, eso sí es urgente y necesario.
Un traidor al pacto patriarcal será mucho más congruente, desde su trinchera, reconociendo sus privilegios por razones de género, dando espacio a las mujeres para resistirse a un sistema que las oprime y las violenta.
Es tanto como un blanco queriendo pertenecer a una minoría de personas de color, no observa que no contribuye, por el contrario, se encuentra fuera de lugar. En cambio, construir nuevas formas de masculinidad, replantear su actuar como hombres en el día a día, es un aporte mucho más grande y útil al feminismo, así que antes de que saquen sus pancartas y sus pañuelos morados, hombres, saquen la construcción machista de su vida y de sus cabezas.

