Genaro Borrego, 73 años
Carlos Alberto Saucedo Medrano
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Es domingo por la tarde en la capital de Zacatecas. Las campanadas de catedral acompañan el paso firme, sereno y templado del exmandatario que se dirige a comprar unos quesos y dulces típicos. La boina bien calada hace juego con el suéter verde y la camisa blanca mientras un estoque adorna la prenda moderna y necesaria del cubrebocas corinto.
Cruza el callejón de Veyna como cruzó el pantanoso mundo de la política: “sin manchar su plumaje” mientras rememora las grandes satisfacciones de su vida, de entre ellas, su mayoría, las provenientes del mundo de los toros. Y no es que su obra como titular del Ejecutivo del estado haya sido menor, de hecho Genaro es considerado como uno de los mejores gobernadores que haya tenido el estado, pero para los hombres de su vertiente, el toreo llena el alma de una manera frugal y no hay nada que se le compare.
No es una entelequia pensar que en su ser, al cobijo de su despacho, sueña con el mejor natural pegado a una vaca durante un tentadero. O quizás los impulsos eléctricos que le provocan placer se guarden en el recuerdo de un triunfo en la Plaza México durante un festival. Incluso es probable que durante algún momento de pesar le venga la imagen de Manolo Martínez dando un derechazo portentoso y su ánimo recobre fuerza.
Personalidad a la caza de lo sublime, no deja de reflexionar sobre el toreo y generar su opinión al respecto. Muestra de ello son las conferencias que dictó en años recientes: una relacionada a la obra de Alfonso López Monreal y otra, más reciente en la Casa de la Cultura que llevó por nombre Convicciones, vivencias y experiencias de un taurino. En ésta última, Borrego Estrada introdujo ante el público que se dio cita aquella noche de octubre del 2019, la categoría analítica de “Taurinidad” como una forma personal e intransferible de expresar el gusto por la fiesta brava.
Sin embargo, la cúspide de su expresión oral la alcanzó en el año 2014 cuando dictó el pregón taurino de la Feria Taurina. Ahí Genaro se vació. Ubicó a las corridas de toros como una herencia española que en la actualidad goza de una personalidad propia en nuestro país, rememoró sus mocedades viendo a los toreros caminar por la calle de Rayón, exhortó la digna presencia del ganado en las corridas y en el clímax de su cátedra, se rompió mientras sentenciaba: “Yo no soy yo sin ser taurino… en mí esta afición es esencia existencial y es de aquí de mi tierra zacatecana”.
Ayer lunes, Genaro Borrego llegó a los 73 años mostrando lozanía, lucidez y sin perder la prestancia. Para las nuevas generaciones de aficionados, ávidas de referentes y fuentes reconocidas de las cuales beber -ahí se cuenta un servidor- aprender de personajes como él siempre será enriquecedor y nutrirá nuestro acervo taurino.

