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La alameda, el agua y el socavón
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La alameda, el agua y el socavón

Jesús Domínguez Cardiel

En el ocaso del periodo virreinal la ciudad de Zacatecas tuvo una renovación en su organización y el esparcimiento comenzó a ser primordial tanto para autoridades como para la sociedad. Ante esta necesidad, las autoridades tenían la obligación de crear los espacios y las condiciones para el esparcimiento social.

      En la ciudad existía un amplio espacio que la dividía o al menos a dos de sus barrios. Para ser precisos, el de Chepinque, situado al hacia el oeste y el Pedregoso, ambos colindaban con la famosa mina Quebradilla, hoy conocida como El Edén; ese sitio era peligroso y representaba riesgos para los comerciantes y población que transitaba por ahí ya que tenía una arbolada y lo escarpado del terreno dificultaba el paso. Era el sitio perfecto para delinquir.

Francisco Rendón, el intendente, José de Peón Valdés, el teniente letrado y el ayuntamiento zacatecano, decidieron gracias a un proyecto urbanístico de mejora darle vida al espacio, delimitarlo y crear un espacio de esparcimiento para cualquier sector de la población.

      Por supuesto me refiero a la Alameda hoy nombrada J. Trinidad García de la Cadena. Los ya mencionados actores históricos decidieron fijar los límites desde el comienzo de la colina que sale al camino de Jerez (calle Quebradilla) hasta el inicio del antiguo convento de la Merced (hoy Hotel Mesón de Jobito). También mandaron plantar árboles en mejor disposición y orden, construir banquetas de cantera y enrejar la parte colindante a la calle que viene de Chepinque.

      Con esas acciones se lograron tres cosas principalmente, la primera, unir a la ciudad por medio de un jardín público, la segunda, dar un paseo para las personas, inicialmente dominical y tercera, disminuir el riesgo de algún delito.

      A partir de 1805 comenzó a funcionar la Alameda, pero surgió una interrogante, ¿de dónde obtener las aguas para los riegos de las plantas y árboles?, la respuesta fue sencilla, efectiva y barata, usaron los escurrimientos naturales de la mina que constantemente tenía que ser desahogada. Así la corriente irrigó a la Alameda pero eso causó otro problema, ¿por dónde debía enviarse el agua sobrante?

      Se decidió generar un conducto subterráneo que se uniera a la bóveda principal de la ciudad, aun así, se le tenía que dar constante mantenimiento.

      Hoy a más de 200 años, se abrió un socavón casi en los límites de la primera delimitación de la Alameda, hecho que da cuenta de que el agua continúa buscando su cauce, pero también de que el embovedado, antiguo o nuevo, requiere de mantenimiento adecuado para dar un buen servicio y funcionamiento urbano. En suma, el agua es indispensable, pero debe usarse y encausarse correctamente, pues siempre buscará abrirse paso.