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La experiencia que “cansa el cuerpo, pero libera el alma”
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La experiencia que “cansa el cuerpo, pero libera el alma”

Testimonio de un penitente de la Procesión del Silencio

La experiencia que “cansa el cuerpo,
pero libera el alma”

 

LUCÍA DINORAH BAÑUELOS

FOTOS: DAVID MÁRQUEZ

ZACATECAS, ZAC.- El brillo de la luna llena iluminó, una vez más, el sigiloso paso de la Procesión del Silencio por las coloniales calles de la capital.

Este Viernes Santo otra vez miles de almas se congregaron para ver la marcha silenciosa de cientos de creyentes que hicieron visible su fe, en una procesión en la que 14 imágenes religiosas, recorrieron el Centro Histórico.

Once de las que 14 imágenes que se llevan en andas son devocionales, es decir, se les rinde culto en algún templo de la Diócesis de Zacatecas y son joyas de arte sacro, es lo que hace diferente a la procesión de Zacatecas a otras de otros puntos de México e incluso del mundo.

Son 16 cofradías y comisiones las que integran la Procesión del Silencio de Zacatecas AC y que dan vida a la religiosidad popular que parece que agoniza en estos tiempos.

Participar en ella es todo un acto de fe que algunos toman con más seriedad y compromiso que otros, pero que juntos dan vida a una de las tradiciones culturales-religiosas más arraigadas en el estado junto con las Morismas de Bracho.

Pero, ¿qué se siente participar activamente en esta representación religiosa? Muchos son los que ven y platican lo que ven. Hoy La Nota Zacatecas desentraña el misterio de lo que un penitente lleva a cuestas al participar en esta devoción.

Al ser una penitencia, la entrevistada desea no protagonizar aunque sí compartir su experiencia; es una mujer de 50 años y fue la primera vez que formó parte de esta tradición abrigada por la Cofradía La Oración del Huerto.

A pregunta directa de qué se siente formar parte del contingente, contundente la penitente contestó sin rodeos: “Para mí fue una experiencia realmente enriquecedora religiosa, espiritual y culturalmente.

“Son de estas cosas que me llenan el alma, porque además de que hacen visible la fe, nuestra fe, nos dan identidad y unidad como pueblo”.
La mujer, de ojos grandes cafés y cabello largo, durante su trayecto vistió un hábito blanco, capucha morada y calzado negro; en la mano izquierda llevaba una farola con una vela encendida que dijo visualizó como su fe en acción, continúa su narración:

“Tal vez le suene a exageración, tal vez lo sea, pero desde el primer paso que di hasta el último, sentí como si fuera ayudando a Jesús a cargar la cruz, porque no son pasos normales con los que se camina; el mismo trayecto, en una caminata “normal” se hace en pocos minutos sin ningún efecto mental, más que la relajación de una caminata… pero al no ver nada alrededor -la capucha o capirote le cubre no sólo el rostro, sino la vista periférica-, sólo los pies de mi antecesora me llevó a un estado «de aislamiento», donde sólo estábamos Dios y yo”.

“Por momentos mi mente permaneció en blanco, siguiendo el ritmo de los pies de quien iba adelante de mí, en otros oraba o rezaba, por mi (perdón por la sinceridad o egoísmo), por mi familia, por todos los que íbamos ahí en silencio…

“De pronto pensé en los miles de desaparecidos y sus familias, en tanta muerte y dolor y también pedí por ellos, porque regrese la paz y tranquilidad que perdimos y sentí como un pesado mundo se paseaba sobre mis hombros lamentándose de dolor, sufrimiento y desesperanza ante la mirada curiosa de miles a nuestro paso…
“Sentí muchas ganas de llorar”.

Explicó que por momentos sintió curiosidad por ver quién la veía y ver dónde iba, “como si fuera en un desfile no en un cortejo fúnebre, con el pesar de que Jesús había muerto”, sin embargo, afirma que contuvo su curiosidad.

“Logré terminar lo que me pareció un lago peregrinar, por todo Zacatecas y de toda las personas que ahí estaban, en particular de mi familia, en especial de mi nieto que desde el cielo me dio la fortaleza que necesité para hacerlo.

“Sé que muchos me critican por haber participado, pues no soy necesariamente muy religiosa, sólo intento ser buena persona, incluso me dijeron loca. No espero que lo entiendan, nadie sabe por qué lo hice ni lo enriquecida que terminó mi alma al hacerlo”.

Concluyó respondiendo que volvería a peregrinar, no como una obligación ni por protagonismo, sino porque descubrió en ese pequeño sacrificio -que la dejó exhausta- una experiencia que nadie más se la podrá dar:

“Caminar por medio Zacatecas, con hábito y la cabeza cubierta cansa el cuerpo, pero libera el alma”.

Tradición católica

La procesión es un acto litúrgico con el que se busca preservar la memoria de aquel cortejo fúnebre en el que fue trasladado el cuerpo de Jesús, del Monte Calvario al sepulcro, y el dolor de la Virgen María a causa de la muerte de su único hijo.

El dato más antiguo que se conoce de alguna Procesión del Silencio en Zacatecas es de 1550, desde entonces sólo se dejó de representarse durante movimientos sociales como la Independencia, la Revolución, Cristiada y en época más reciente, por la epidemia de covid-19 en los años 2020 y 2021.

La Procesión del Silencio es Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado desde el 3 de marzo de 2015.