La manipulación de la narrativa: desacreditando desde la presidencia
En la mira
ALFREDO SALAZAR DE SANTIAGO
En las últimas semanas, hemos sido testigos de un fenómeno preocupante en la arena política nacional: la manipulación de la narrativa para descalificar a las personas desde la Presidencia de la República.
La capacidad de influir en la opinión pública se ha vuelto una herramienta poderosa y en vez de atender los verdaderos problemas como la inseguridad, pobreza, falta de medicamentos que verdaderamente nos afectan a los mexicanos, se aprovechan desde su posición para socavar la credibilidad de aquellos que plantean críticas legítimas o piensan de manera diferente por pertenecer a grupos políticos con ideología opuesta en un país denominado “democrático”.
La manipulación de la narrativa desde la Presidencia de la República implica el uso estratégico de mensajes, discursos y declaraciones para crear una imagen negativa de aquellos que se consideran adversarios políticos.
Uno de los métodos más comunes es la descalificación personal, donde se ataca la reputación y trayectoria de los individuos en lugar de refutar sus argumentos de manera sustancial. El uso de términos despectivos o insultantes es una técnica empleada con frecuencia, utilizando adjetivos cargados de connotaciones negativas para describir a sus oponentes, etiquetándolos como «oligarcas», «corruptos», “fifis” o «traidores a la patria».
Estas palabras se repiten constantemente por diversos medios, generando una percepción negativa en la opinión pública y erosionando su imagen o, en casos más graves, poniendo en riesgo la integridad personal y familiar, dada la gran enajenación de supuestos seguidores interesados en mantener sus posiciones.
Otra estrategia utilizada que hemos visto es la difusión de información falsa o tergiversada. Aprovechando su posición de poder, se emplean plataformas de comunicación masiva para difundir afirmaciones sin fundamento o manipular datos para respaldar sus argumentos.
Esta desinformación busca confundir a la audiencia y desacreditar a aquellos que desafían su autoridad. La polarización también es una táctica común en la manipulación de la narrativa. Hemos sido testigos de que se busca permanentemente dividir a la sociedad en «nosotros» y «ellos», fomentando el sentimiento de pertenencia a un grupo y creando una animosidad hacia los que piensan de manera diferente.
Este tipo de acciones tienen graves consecuencias para la sociedad y la democracia, ya que mina la confianza en las instituciones y en el sistema político en su conjunto, socavando la confianza de la ciudadanía en el proceso democrático y se debilita la legitimidad de las decisiones gubernamentales. La creación de narrativas que dividen a la sociedad y fomentan el enfrentamiento entre grupos genera tensiones y conflictos que pueden afectar la estabilidad y la convivencia pacífica.
La cohesión social se ve amenazada cuando los ciudadanos se ven obligados a elegir bandos y enfrentarse en lugar de buscar soluciones comunes, generando un clima de miedo y autocensura, donde las críticas legítimas se evitan por temor a las represalias. Por todo lo anteriormente descrito, es nuestra responsabilidad como ciudadanos estar alerta y exigir transparencia, veracidad y respeto en el discurso político. Sólo así podremos proteger nuestra democracia y garantizar un futuro más justo y equitativo para todos. Al tiempo.

