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La sequía que nos alcanzó
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La sequía que nos alcanzó

CARLOS PEÑA BADILLO 

 

Desde que tengo memoria el tema del campo zacatecano ha sorteado la constante de tener “un cielo cruel” como lo describiera López Velarde en La suave Patria. Era apenas un niño cuando escuchaba a mi padre decir “Dios quiera y llueva, si al campo le va bien, a todos nos va bien”. Siendo originario de Río Grande el llamado Granero del Norte, vaya que este asunto era tema recurrente y de la mayor importancia. 

 

Tenemos, como en todo, años buenos, años malos y otros donde sale cuando menos para sobrevivir. Si alguien mantiene siempre la esperanza viva, justo son las y los productores del campo. Indistinto del ciclo agrícola que se trate, siempre se piensa que el que viene será mejor que el anterior, no siempre pasa. Hoy estamos viviendo uno de los momentos más adversos de los años recientes. La sequía ha dejado ya estragos importantes; la mayoría de las presas están secas o con una reserva mínima; lo mismo sucede con bordos de abrevadero, llevamos años con mantos acuíferos en decadencia. La falta de agua este año está impactando en todo y para todos. Hablo de la cosecha en los productos del campo, de la crianza y engorda de ganado, y desde luego la propia necesidad y condición humana. 

 

Más allá del esfuerzo y compromiso de las y los productores y, desde luego, el rol fundamental que juega la naturaleza, entra la labor fundamental que juega el gobierno: el federal, estatal y en menor medida el municipal. En las últimas semanas la desesperación, protestas y acciones por parte del sector ha ido creciendo. No solamente por la falta de atención, respuesta y respaldo en el gobierno del estado para encabezar una causa común que mitigue los estragos de la sequía; sino como una obligación del gobierno en turno para prever y actuar antes de las consecuencias, mismas que entre más pasa el tiempo, se vuelven irreversibles. 

 

Los estragos están ya en todo el territorio estatal, la economía severamente afectada, y las y los productores del agro y la ganadería zacatecana en la desesperación total. La razón, además de todo lo anterior, es que a la fecha no se inicia, no se logra y no se aplica la declaratoria de emergencia por esta contingencia. El colmo es que el gobierno federal parece ignorar el problema, no hay respuesta o seguimiento en el asunto. El gobierno estatal apenas comenzó una estrategia de sobrevuelos ¿para verificar que existe y es real la sequía? Lamentablemente vamos tarde, ya los daños parecen ser irreversibles, urge que cada quien, desde el sector gobierno, haga su parte. No podemos, en estos tiempos de tanta adversidad económica, darnos el lujo de que no se encuentren los mecanismos y recursos que permitan que esto que ya es problema, al menos para este año, se quede sin la posibilidad de resolverse y en lo posible prever las consecuencias que sin duda alguna se manifestarán para el próximo año que por cierto es electoral. 

 

Reitero la solidaridad personal y como dirigente de partido con todo el sector agropecuario y ganadero de nuestro estado, desde cualquier trinchera, siempre buscaremos ser aliados y respaldo en sus causas. Nuestro respeto siempre a su alto compromiso con Zacatecas.