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Los símbolos borbónicos en los aparatos regios novohispanos del siglo XVII
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Los símbolos borbónicos en los aparatos regios novohispanos del siglo XVII

Rara avis: letras, arte y cultura novohispanas

Salvador Lira

La inclusión definitiva de la flor de lis y la casa Borbónica a sello y la corona de la monarquía católica se dio de manera definitiva en el relevo dinástico del siglo XVIII. El proceso fue un largo devenir político iniciado años atrás y por las diferentes directrices del testamento de Carlos II, El hechizado, quien había muerto el 1 de noviembre de 1700 sin descendencia. Y, aunque de facto el sucesor el duque de Anjou, entronizado como Felipe V, ostentó la corona, el proceso de su sitio definitivo se determinó por factores marciales, políticos, económicos, entre otros, por poco más de una década.

Costaba difícil creer, en ese tiempo, el relevo. Desde al menos durante el gobierno de Carlos V, las coronas española y francesa se habían disputado en situaciones por demás ríspidas, que llevó a un conflicto militar y el cautiverio de Francisco I. En el siglo XVII, el nivel de los conflictos no cambió, aunque sí el resultado de las victorias, puesto que el rey Luis XIV venció en reiteradas ocasiones las intenciones de Felipe IV, siendo la más relevante la Guerra de los Treinta Años y la Paz de Westfalia.

Durante el siglo XVII, en la monarquía católica se generó una aversión a los símbolos y referencias franceses. No era para menos, dado que el vecino borbónico poco a poco acrecentaba su influencia y poderío en el contexto internacional, mientras que los reinos hispánicos, bajo la dinastía de los Habsburgo, poco a poco caía en decadencia.

No obstante, ante varios símbolos de discordia, se pueden encontrar referentes de uniones entre los símbolos de la casa de Austria y de la casa Borbón. Los espacios donde se pueden encontrar la correlación son gracias a las acciones de lealtad por uniones matrimoniales. No hay que olvidar que varias hijas de monarcas de ambos reinos fueron casadas con príncipes, que luego se convirtieron en soberanos de sus respectivos reinos. Por ejemplo, la primera esposa de Felipe IV fue Isabel de Borbón, hija de Enrique IV. Ella falleció en 1644. En los funerales de Puebla de los Ángeles, publicadas en Exequias funerales, y pompa lúgubre… un año después, se demuestra esa convivencia de símbolos que pudieran suscitarse contrarios por la situación marcial, unidos por la concordia matrimonial y el himeneo regio.

En uno de los epitafios daba ese parecer dinástico:

De Borbón el Planeta más ardiente,

de España la lumbrera más flamante,

de la fe la columna más constante,

de la Iglesia el apoyo más valiente;

de piedad el modelo más viviente,

de religión la estrella más brillante,

de las armas la fuerza más pujante

del Gobierno el acierto más prudente;

pasmo del Orbe, aplauso de la tierra,

de Europa luz, de la virtud el modo

arco en la paz, Bellona de la guerra

advierte pasajero en este lodo

que en las riquezas, que su rumba encierra,

sepultando a Isabel, lo tiene todo.