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México desperdicia hasta 40% de sus alimentos
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México desperdicia hasta 40% de sus alimentos

-La caída de precios provoca que cosechas completas se queden sin levantar, aunque estén en buenas condiciones

-México pierde o desperdicia entre 20 y 30 millones de toneladas de alimentos al año

DATO 
Cálculos del  Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) colocan a México entre los países latinoamericanos con mayores desperdicios alimentarios en los hogares, aunque no en el primer lugar por habitante.

LUCÍA DINORAH BAÑUELOS


ZACATECAS, ZAC.- En el sur de Zacatecas, decenas de toneladas de tomatillo quedaron este año en los surcos. El precio cayó hasta 1 peso por kilo y los productores concluyeron que resultaba más caro contratar jornaleros para levantar la cosecha que dejarla perder en la parcela.

La cebolla enfrentó una situación semejante. Cuando el precio bajó hasta 80 centavos por kilo, cientos de toneladas dejaron de cosecharse o fueron abandonadas porque los ingresos esperados no alcanzaban para cubrir la recolección, el empaque y el traslado.

Estos casos muestran una de las caras menos visibles del desperdicio de alimentos: productos que están en buenas condiciones, pero que no llegan al consumidor porque el precio cayó, no existen compradores o cuesta más cosecharlos que venderlos.

México pierde o desperdicia cada año entre 20 y 30 millones de toneladas de alimentos, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cuya estimación más reciente es de 20.4 millones de toneladas, equivalentes a 34% de la producción nacional. 

Otros cálculos retomados por la Red de Bancos de Alimentos de México y el Banco Mundial elevan la proporción hasta entre 37% y 40%, es decir, más de 30 millones de toneladas.

Por ello, no es exacto presentar los 30 millones de toneladas y el 40% como una medición anual única y definitiva. Se trata de estimaciones que incluyen diferentes productos y etapas de la cadena alimentaria.

Sin embargo el desperdicio de alimentos es alarmante en un país en el que hay millones de habitantes en pobreza alimentaria. 

La comida se pierde antes de llegar al mercado

Técnicamente, la pérdida de alimentos ocurre durante la cosecha, almacenamiento, transporte y procesamiento. 

El desperdicio se genera principalmente en supermercados, restaurantes y hogares, cuando la comida disponible para el consumo termina en la basura.

En el campo, las pérdidas no siempre son consecuencia de sequías, heladas, plagas o enfermedades. También responden a problemas económicos y comerciales: desplome de precios, falta de centros de almacenamiento, intermediación excesiva, ausencia de contratos de compra, costos elevados del transporte y falta de plantas procesadoras que aprovechen los excedentes.

Cuando un kilogramo de cebolla o tomatillo se vende por debajo del costo de producción, dejarlo en la parcela se convierte en una decisión económica, aunque detrás queden meses de trabajo y grandes cantidades de agua, energía, fertilizantes y mano de obra.

Las protestas campesinas también han mostrado esta contradicción. Productores han arrojado frijol, maíz y leche sobre carreteras y plazas públicas para demostrar que el precio que les ofrecen no cubre sus costos.

 Aunque estas acciones representan una fracción mínima del desperdicio nacional, reflejan una cadena comercial donde producir alimentos no garantiza que puedan venderse con rentabilidad.

El jitomate es uno de los ejemplos más preocupantes. Estimaciones retomadas del Banco Mundial calculan que México pierde alrededor de 926 mil toneladas anuales, una cantidad que podría aumentar cuando se cierran mercados o disminuyen las exportaciones.

El desperdicio continúa en los hogares

El problema no termina cuando los productos logran salir del campo. En las casas se compra más de lo necesario, se almacenan incorrectamente frutas y verduras, se preparan porciones excesivas y se dejan caducar alimentos dentro del refrigerador.

El Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estimó que los hogares mexicanos generan alrededor de 105 kilogramos de desperdicios alimentarios por habitante al año, equivalentes a 13.3 millones de toneladas.

El propio organismo clasifica esta estimación con un nivel de confianza medio, debido a que México todavía carece de una medición nacional continua y totalmente comparable.

Esta cifra incluye tanto alimentos aprovechables como partes no comestibles, por ejemplo, huesos, cáscaras o residuos de preparación. 

Por esa razón, no significa que cada mexicano arroje 105 kilogramos de comida completa y todavía apta para consumirse.

Otra fuga ocurre en tiendas y supermercados. Frutas y verduras que no cumplen con determinados criterios de tamaño, color o apariencia dejan de venderse, aunque mantengan sus propiedades alimenticias.

En restaurantes, hoteles y comedores institucionales también se preparan cantidades que no siempre se consumen y que, en muchas ocasiones, terminan desechadas en lugar de ser donadas.

México, entre los países con mayor desperdicio doméstico

Cálculos del  Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) colocan a México entre los países latinoamericanos con mayores desperdicios alimentarios en los hogares, aunque no en el primer lugar por habitante.

República Dominicana registra una estimación de 160 kilogramos por persona al año; México, 105; Panamá, 101; Brasil, 94; Argentina, 91, y Colombia, 70 kilogramos.

En volumen, los hogares brasileños generan alrededor de 20.3 millones de toneladas, frente a 13.3 millones en México.

Estas comparaciones deben manejarse con cautela, porque proceden de estudios realizados en diferentes años, ciudades y condiciones. El propio PNUMA reconoce que gran parte de América Latina todavía necesita mediciones nacionales más rigurosas y periódicas.

A escala mundial, la FAO calcula que 13.2% de los alimentos se pierde después de la cosecha y antes de llegar al comercio minorista. A esto se suma aproximadamente 19% de la comida disponible para consumidores que se desperdicia en hogares, restaurantes y comercios. En 2022, esta última etapa generó 1,050 millones de toneladas de residuos alimentarios, 60% de ellos en los hogares.

Alimentos en la basura mientras millones carecen de ellos

La paradoja se vuelve más grave frente a las necesidades alimentarias del país. La FAO señaló en 2025 que alrededor de 27.5 millones de mexicanos vivían algún grado de inseguridad alimentaria.

Por su parte, la medición de pobreza multidimensional del INEGI identificó en 2024 a 18.8 millones de personas con carencia de acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. Las cantidades no son iguales porque cada organismo emplea indicadores distintos.

La Red de Bancos de Alimentos estima que los productos perdidos o desperdiciados en México podrían cubrir las necesidades alimentarias de aproximadamente 28.6 millones de personas.

No toda la comida desechada puede recuperarse, pero una parte importante podría aprovecharse mediante donaciones, transformación industrial, congelación, deshidratación o procesamiento.

El desperdicio nacional no comienza únicamente en el refrigerador de una familia. En muchas ocasiones empieza en la parcela, cuando el agricultor descubre que su cosecha vale menos que el costo de recogerla.

Cada alimento que queda pudriéndose en el surco representa también agua, suelo, energía, dinero y trabajo que México utilizó para producir algo que nunca llegó a una mesa.