¿Por qué yo?
Eva convierte la fatalidad en una oportunidad para disfrutar la vida
LUCÍA DINORAH BAÑUELOS
FOTOS: CORTESÍA
ZACATECAS, ZAC.- Eva se dice a sí misma una sobreviviente de algo “tan difícil y a la vez tan bonito porque te das cuenta de que hay mucha gente que te ama y sobre todo que Dios está al lado mío”.
En 2017 tuvo cáncer, enfermedad por la que –de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)– 90 mil 525 personas murieron en México durante 2021 con tumores malignos.
Según sus palabras, venció la enfermedad “gracias al amor de Dios”, al apoyo incondicional de su familia y amigos, y a la atención siempre atinada y cálida de médicos y enfermeras que le dieron seguimiento durante su convalecencia.
Explica que cuando uno se sabe enfermo “y más de esto, no importa si es cáncer de mama, de útero [o] de cualquier otra índole, la enfermedad en sí te hermana”; el suyo fue cáncer cervicouterino.
“Cuando el médico me dijo que tenía un tumor en el cuello de mi matriz, algo dentro de mí me dijo que no era bueno y lloré (…) pero algo en mi interior me dijo que yo debería ser fuerte porque iba a ser algo malo”, confiesa Eva.
Fueron días de angustia cuando esperaba los resultados de una serie de análisis y estudios que el médico le indicó hacerse tras semanas de presentar hemorragias continuas.
“Apenas vio el oncólogo los resultados me dijo directamente: ‘es positivo a cáncer’. Ahí mi mundo se oscureció. No sabía si llorar, si era un sueño. Sentí que mi corazón se fracturó, me sentí sumamente triste, quería llorar, pero no podía…”, compartió al abrir su corazón.
Recuerda que el médico fue muy frío al hablar con ella, “señora, aquí ya no caben las lágrimas, aquí necesito que usted sea fuerte, no hay vuelta atrás. Aquí solamente hay de dos. Una, lleva su tratamiento y se recupera o no lleva su tratamiento y usted en tres meses ya no va a vivir porque su cáncer es invasivo, muy agresivo”; podía invadir cualquier parte de su cuerpo.
El tratamiento que le indicaron fue de nueve quimioterapias y 45 radioterapias, le advirtieron que si no lo lleva al pie de la letra, su calidad de la vida sería muy mala. “Poco a poco irá perdiendo todos sus órganos”, le dijo el médico.
Las fatales noticias, una tras otra, siempre las recibió al lado de su familia, de su hija mayor, de su esposo, de sus hermanas que nunca la dejaron caer en el desánimo ni la depresión.
“Para mí fue muy impactante saber que estaba entre la vida y la muerte y que ya no había vuelta atrás… de momento me sentí muy frustrada, muy triste, muy sola, sentí que Dios no me amaba, le reclamé y le dije que yo era una mujer que me dedicaba a trabajar, a mis hijos, que me consideraba una persona buena, que por qué a mí me mandaba eso. Yo no encontraba la respuesta. ¿Por qué yo?”.
A Eva le preocupaba toda su familia, pero especialmente su madre, una mujer mayor. La citó a ella y a todas sus hermanas para darles la terrible noticia. “Yo lloraba a gritos cuando les dije”, entonces –agrega– fue cuando su mamá le dio una lección de fe y de amor a la vida:
“Me impactó la fuerza de mi madre que me decía: ‘Tú vas a poder, hija’. Todas llorábamos, pero ella no para darme valor, aunque sé que cuando yo me fui también lloró”.
Con ella también lloraron su esposo y sus hijos el mismo día que recibió la noticia y aunque todos le hablaban de Dios, “yo no sabía de qué Dios hablaban”.
La familia, determinante en el proceso de sanación
Eva reconoce que el apoyo de su familia fue crucial en su recuperación: “Siempre estuvieron a mi lado mi mamá orando por mí, encendiendo el cirio, mis hermanas, mi esposo, mis hijas, pero uno está solo en la sala de un hospital, con sus pensamientos, con sus temores con la enfermedad”.
Sí estuve acompañada, pero con mucha tristeza, confiesa Eva y recuerda que el médico que la atendía le dijo “si usted cree en Dios, pídale porque él la va a ayudar”.
La valiente mujer explica que es cuando “uno se da cuenta que hay mucha gente que la quiere, que está pendiente que verdad le importas”.
La derrota y el resurgimiento
Entre médicos, enfermeras, quimioterapias, hermanos en la enfermedad, la familia, los amigos, llega un momento en que el paciente cae derrotado, rebasado por todo los acontecimientos en torno suyo. Así se sintió Eva.
Y derrotada “le pedí perdón a Dios por haberle reclamado” el hecho de tener cáncer y llegó el cambio. “Entonces le di gracias por ser yo y no mi madre o mis hijas. Sólo dame fuerza para seguir adelante. Y aquí estoy”.
Tras meses de tratamiento finalmente cede el tumor y le informan que ya la pueden operar y retirarle la matriz. Los resultados de patología corroboran que el cáncer se fue en la matriz y fue cuando “sentí que volví a nacer y corroboro que Dios me ama y mi familia, mi esposo, mis hijos, mi madre, mis amigas, mis hermanas, mis compañeros de trabajo”.
A partir de esta amarga experiencia, Eva compartió que ahora pone todo su empeño en disfrutar la vida, cada momento, cada minuto, cada lugar a cada persona que está a su lado, “trato de cuidarme lo más que puedo”, dice al explicar que cuida su alimentación, va al médico y toma lo bueno que la vida le da.
Eva recibió la noticia de que tenía cáncer en octubre de 2017, en plena campaña contra el cáncer de mama, por eso recomienda a todos en general que cuiden su cuerpo, que vayan al médico, que se hagan los chequeos que les toquen, “que no piensen que porque el estudio que me hice al año pasado salió bien, y estoy bien, porque las células pueden cambiar en cualquier instante”.
“El cáncer no respeta si eres hombre, mujer, niño, adulto y sea en cualquier parte del cuerpo es el mismo problema y el mismo dolor, el mismo tratamiento y afecta igual al paciente y a la familia, que si no es tratado oportunamente, nos lleva a la muerte”.

