Pozo Hondo, entre toros de lidia, migración y fe
LUCIA DINORAH BAÑUELOS
FOTOS: DAVID CASTAÑEDA
VILLA DE COS, ZAC.- Sentado en una banca blanca de metal, de esas que fueron donadas por los mismos pobladores, Julián Ruiz observa cómo los trabajadores del ayuntamiento instalan los cables y reflectores que más tarde darían vida multicolor al casco de la exhacienda Pozo Hondo.
El hombre camina unos pasos hasta la entrada del templo católico, consagrado a San Elías Profeta y narra con profunda emoción parte de la historia que le ha tocado atestiguar y ser parte de Pozo Hondo.
“Aquí ya sólo quedamos casi pura gente de la tercera edad”, lamenta al tiempo que da cuenta que la juventud con su pujante fuerza y creatividad, sigue la herencia de varias generaciones: la migración.
Apenas tienen edad suficiente para trabajar en los campos agrícolas o en la industria o la construcción en Estados Unidos y dejan esta parte del semidesierto zacatecano con la certeza de que encontrarán las oportunidades laborales que no hallan en su tierra.
Los que quedamos, dijo, vivimos con la esperanza del buen temporal, “unos con vaquitas y otros sembrando frijol”.

Don Julián
Pozo Hondo está asentado en una superficie plana que facilitó la vida humana y las actividades ganaderas, tiene pocas precipitaciones, suelos delgados, salinos y porosos, elementos que limitaron la práctica de la agricultura.
Las condiciones de salinidad de los suelos y la falta de precipitaciones constantes, obligó a los primeros pobladores a adaptarse al entorno y al aprovechamiento de los recursos naturales según las temporadas del año.
En invierno, las heladas tempranas terminaban con toda la vegetación, mientras que de los meses de octubre a marzo soltaban su ganado para aprovechar los pastos secos.
En otros tiempos, recordó don Julián, “de aquí salían toros (de lidia) para México, de con los Llaguno, pero luego esto se hizo ejido y como que se acabó”, lamentó.
Don Julián hacía referencia a la afamada ganadería San Antonio Triana, que de acuerdo con la historia oficial de Villa de Cos, avalada por la Crónica Municipal, de aquí, de Pozo Hondo, salieron los toros que el 5 de febrero de 1946 se lidiaron en la inauguración de la Plaza México.
En siglo XIX la hacienda fue adquirida por la familia Llaguno; Antonio tuvo la idea de formar una ganadería de reses bravas y ayudado por su hermano Julián hizo una estricta selección entre las muchas vacas criollas, lo que dio origen a la mejor ganadería de toros de lidia.
Entre el declive de la fiesta brava y que se hizo ejido lo que fue la hacienda, la producción de toros bajó, al menos esa es la percepción de don Julián.
Lo que se niega a morir, a pesar del árido terreno, los cambios en la historia y la migración, dijo, es la fe.
Cada año, para el 20 de julio, Pozo Hondo se llena de vida con el regreso de los paisanos que vuelven para festejar al santo patrono de la comunidad: San Elías Profeta, y “durante tres días hay fiesta con juegos mecánicos, vendimia, celebraciones religiosas y mucha pólvora”.
Los paisanos organizados en el Club Hacienda Pozo Hondo, radicado en San José, California, se encargan de todo.
De la hacienda queda muy poco, apenas los vestigios de lo que fue la imponente casa grande, de la que se cuentan toda clase de historias sobrenaturales de fantasmas a las que ni siquiera un campamento militar sobrevivió, allá por los primeros años de la década de los 2000, pues según cuentan, las apariciones y espíritus no los dejaban descansar.
El templo, explicó don Julián, fue reconstruido tras un incendio que acabó con el techo original, hecho a base de madera “todo se quemó, menos la imagen del santo”, que sigue atestiguando la fe de un pueblo del semidesierto.

