Representaciones de Hernán Cortés y Moctezuma
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
Salvador Lira
Es un hecho innegable que el binomio historiográfico entre Hernán Cortés y Moctezuma ha sido de los más recurrentes en el imaginario contemporáneo, dadas las repercusiones históricas, culturales, políticas, artísticas y/o económicas. Efectivamente, el resultado del proceso tuvo parangones significativos en las estructuras subsecuentes de la Monarquía Católica y del mundo Occidental. La reconstrucción de sus referentes ha sido una tarea que aún sigue siendo prioridad por diversos investigadores.
Casi en las mismas proporciones habría que pensar su resolutiva consolidación en el ámbito artístico. Numerosas obras poéticas, dramáticas y narrativas se han generado. Inclusive, aún hoy en día, es crucial distinguir las proporciones cinematográficas, televisivas o en nuevas plataformas en series. Por supuesto, inciden las diferentes corrientes historiográficas y las perspectivas identitarias, en las que entran en juego diferentes posicionamientos de grupos. Con todo ello, es notable el recuento de su imaginario, en la cual aún sigue generando debates por los posicionamientos ideológicos que ello conlleva. También, es atrayente el sin número de obras y testimonios, de los cuales se integran corrientes artísticas y motivos.
Quisiéramos destacar en esta ocasión un retrato resguardado en el Museo Nacional del Prado en Madrid, España. Se trata de la obra titulada Hernán Cortés, el célebre conquistador de Méjico, entra con la intérprete doña Marina y tres o cuatro de sus capitanes en el aposento de Moctezuma, y con imperio y resolución le manda poner unos grilletes, signada por Antonio Gómez Cros. La obra es un óleo sobre lienzo de ancho 166 cm y 230 cm de alto, de 1858. Según el dato catalográfico procede de “Nuevas Adquisiciones del Museo de la Trinidad, 1859”, “Museo del Prado, 1872”.
La obra se sitúa en un espacio palaciego, en el trono de Moctezuma. Con fortaleza en su postura, Hernán Cortés da el mandato de imponer grilletes con su brazo derecho, mientras que con el izquierdo se afianza en su espada. El emperador azteca apenas si puede, según la pintura, moverse con poca soltura. Un miembro de la corte indígena se arrodilla pidiendo clemencia al conquistador, mientras que otro, desnudo de pecho, llora y se lamenta. Dos mexicas más intentan, sin éxito, detener a miembros de la milicia española. La Malinche, con una cara dubitativa, mira el hecho, tocando con suavidad el brazo de Hernán Cortés. La obra se sitúa en el discurso historiográfico que exalta el hecho de intervención.


