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Río Grande se viste de fiesta entre coronas, lienzos y el rugido de Laberinto
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Río Grande se viste de fiesta entre coronas, lienzos y el rugido de Laberinto

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LA NOTA ZACATECAS

RÍO GRANDE, ZAC.– El corazón del norte zacatecano late con una fuerza distinta. Entre el aroma a tierra mojada del lienzo charro y el brillo de las lentejuelas, el quincuagésimo noveno Carnaval de Río Grande ha demostrado por qué es una de las tradiciones más queridas del estado, fusionando la elegancia de su corte real con la bravura de sus jinetes.

Nobleza con causa

La magia comenzó con el misticismo del tradicional cambio de poderes. Bajo los reflectores, Kimberly I, soberana de esta edición, asumió su mandato con una gracia que fue más allá del protocolo.

 Acompañada por su alteza real y su corte de princesas, la nueva reina transformó el brillo de su corona en bienestar para su gente, encabezando la entrega de diversos apoyos sociales, reafirmando que en Río Grande, la belleza siempre camina de la mano con la solidaridad.

El lienzo se pintó de gloria

Mientras tanto, el polvo se levantaba con orgullo en la comunidad de La Luz. El Lienzo Charro se convirtió en el epicentro de la adrenalina con el esperado Torneo de Colas 2026. Entre relinchos y aplausos, los jinetes más diestros de la región demostraron que la charrería no es solo un deporte, sino un arte que se hereda. Cada faena fue un tributo a la destreza y al temple de los hombres de a caballo, dejando al público con el corazón acelerado.

Una noche «Orgullo de Sonora» 

Pero la verdadera explosión de júbilo llegó al caer el sol. El escenario del Carnaval vibró como nunca cuando los primeros acordes de Grupo Laberinto retumbaron en el aire. Con ese estilo inconfundible que cabalga entre el corrido y la balada, los «Reyes del Corrido de Caballos» encendieron la chispa de una velada eléctrica.

Cientos de voces se unieron en un solo coro, haciendo que el frío de la noche desapareciera ante el calor de una multitud que bailó y cantó cada éxito. Fue más que un concierto; fue el recordatorio de que el Carnaval de Río Grande se vive con el alma, se celebra con música y se guarda para siempre en la memoria de su gente.