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Salud, sanación, salvación
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Salud, sanación, salvación

XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

“¡Óyeme, niña, levántate!”

Marcos 5, 21-43

 

La experiencia de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte es una realidad evidente del ser humano… Las secuelas emocionales, afectivas, morales, espirituales de la pandemia y la inseguridad nos recuerdan que la vida puede cambiar en un instante y dejar heridas y cicatrices difíciles de sanar. ¿Habrá algún remedio eficaz? ¿El tiempo cura todo?

 

El Evangelio de este domingo puede ser leído en clave de sanación y salvación. En el relato proclamado y escuchado aparecen dos personas que vivieron el drama de la enfermedad y la muerte; también la gracia de la sanación y la salvación…

 

Son dos personas diferentes en su género y quehaceres sociales, pero iguales en sus necesidades y aspiraciones. Ambas viven el episodio en soledad y, al mismo tiempo, rodeadas de gente comprometida y –también– de espectadores indiferentes.

 

Jairo tiene nombre y un buen trabajo; la mujer no tiene nombre y su forma de ganarse la vida no importa… Jairo se acerca a Jesús abiertamente; la mujer sin aspavientos… Hay contraste en la forma de acercarse a Jesús, pero el fondo es el mismo: una situación existencial de necesidad extrema y un poner el caso límite de la vida en las manos de la fe/esperanza para conseguir lo anhelado.

 

Los dos milagros se realizan teniendo un denominador común: una confesión extrema de fe en Jesús ante una situación desesperada: la mujer está desahuciada, la niña muerta… ¡Es el límite de la necesidad y el sufrimiento! Cuando ya nada pueden hacer los hombres, Jairo y la mujer enferma acuden a Jesús. La mujer ‘arranca’, en callado silencio, el milagro y Jesús lo hace público: “¿Quién ha tocado mi manto?”. Jairo está junto a Jesús cuando recibe la noticia del final de su hija: “No temas, basta que tengas fe”.

 

Jesús alivia, sana y salva a ambas mujeres y las reintegra dignamente en sus espacios vitales. A una, gracias a su fe; a otra, gracias a la intercesión de su padre. 

El milagro es señal de que ha llegado el Evangelio del Reino: el horizonte de esperanza queda abierto para quien crea en Jesucristo. La lección para nosotros –sobrevivientes de pandemias y violencias– es muy claro: con Jesús en el camino de nuestra vida es viable la victoria contra todo tipo de mal… Basta una fe grande, capaz de romper el muro de la indiferencia.

La mujer y Jairo tuvieron que salir de sí mismos, buscar a Jesús, dejarse encontrar por Él, hablar a gritos o en silencio, ponerse en camino, actuar… El milagro se realiza cuando hay fe humilde, encuentro, interacción, decisión, compromiso… Aquel día hubo dos milagros que cambiaron el sentido del sufrimiento y la ruta de la vida de ambos.

 

Jairo y la mujer, la mujer y Jairo pueden ser nuestros maestros en la búsqueda de sanación y salvación en tantas enfermedades y secuelas de pandemias y violencias asesinas… 

 

Necesitamos reintegrarnos en nuestros espacios familiares, sociales, eclesiales. ¿Qué nos hace falta? ¿Cómo podemos contribuir para disminuir el sufrimiento de los nuevos Jairos y hemorroísas?

 

Termina junio, 2024. Dios bendiga tu verano, con todo y planes personales y familiares.