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Sin campo ni campesinos no hay alimento
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Sin campo ni campesinos no hay alimento

Luna Nueva

Una vez, hace tanto tiempo que ya no recuerdo cuando fue, durante mis gloriosas vacaciones de verano cuando eran de dos meses, me fui al barbecho con mi tía Alicia –la menor de mis tías- que también estaba de vacaciones y ayudaba a mi abuelo en las labores del campo.

Me tocó ir dos días, pero ella, mi abuelo y mis tíos tenían más tiempo trabajando. Ya habían brotado pequeñas cañitas que prometían en poco tiempo dar unos sabrosos elotes, pero antes se tenían que cuidar, regar y abonar para que hubiera cosecha.

Fue en ese entonces cuando en carne propia entendí lo que costaba hacer producir la tierra, amén de los costos económicos, el trabajo físico es agotador y eso que yo no trabajaba igual que mi tía porque yo era niña “de ciudad” y cuidaban que no me cansara, que bebiera agua y no me exigían prácticamente nada.

Saborear un suculento elote con mantequilla o con mayonesa, queso y chilito; una tortilla con sal, unos totopos, un tamal o unos tacos de bistec no sería posible sin el agotador trabajo de los campesinos que a fuerza de voluntad y fe hacen que la tierra dé frutos.

Algunos agricultores trabajan ya con la ayuda de tecnología de punta, con implementos agrícolas que les permiten sembrar grandes extensiones en corto tiempo o que les ayudan a fertilizar en un día lo que a mano tardaba un poco más, pero aunque no lo crean, he visto en pleno siglo XXI a agricultores trabajar la tierra todavía con yunta.

En esa ocasión nos fuimos mi tía y yo solas a un pequeño terreno que nos habían asignado. El primer día me dijo: “mira Lucía, hoy la tarea es acabar esos costales de fertilizante”, y me explicó que llenara una cubeta con el químico y lo pusiera alrededor de la cañita.

“Cuida que no le caiga entre las hojas, porque si le cae el polvo, se secará. Échale mucho, para irnos pronto”, fueron las indicaciones.

De primero fue fácil y hasta divertido para mí, pero media hora después ya no tanto. La postura inclinada sobre las plantas, cargar el recipiente con el fertilizante e ir caminando prácticamente en cuclillas para abonar correctamente cada cañita, sin exagerar, era extenuante, sin dejar de lado que los rayos del sol nos daban de lleno, pero logramos nuestro objetivo.

A puños llenos rodeamos cada caña para terminar la labor…

El segundo día las indicaciones fueron diferentes: “la tarea hoy es acabar estos surcos –me dijo señalando una extensión del barbecho-, así que si nos acabamos el fertilizante, nos traerán más costales. Consecuentemente hicimos rendir el químico y de un puño abonábamos dos o tres cañas…

Evidentemente de ese tiempo a la actualidad han cambiado muchas cosas para el campo y los campesinos: hay otras técnicas, nueva maquinaria, otra forma de regar y fertilizar, de escardar, asegundar y cosechar, pero para muchos productores -sobre todo en Zacatecas que la mayoría del estado es semidesértico-, una cosa no ha cambiado: la fe en un buen temporal.

Esperan las lluvias cada vez más escasas, a lo que se suma el cansancio de la tierra que se acaba por erosión por viento o por agua cuando llueve mucho… el campo zacatecano atraviesa una crisis realmente preocupante.

No sólo es el trabajo, son los problemas que atraviesan los campesinos para comercializar sus productos a precios que les reditúen, que les dé lo que invirtieron y un poco más.

Deben lidiar también con los altos costos de los combustibles y de la electricidad para quienes tienen un pozo agrícola y aunque gobierno dice que ayuda, los apoyos llegan a destiempo, reparten el mismo fertilizante -tal vez genérico o del Bienestar-, igual para zonas secas como el norte del estado que para los cañones donde hay una gran diferencia de clima, suelo, humedad y de cultivos.

Además de la sequía y las altas temperaturas que ya casi normalizamos hay que sumarle las plagas que dañan la producción, sólo los frijoleros luchan contra seis a la que se suman otras “plagas” como el coyotaje o intermediarismo que acapara y está atento a los precios de garantía que fija el gobierno para de ahí irse para abajo, es decir pagar menos.

También figuran los “líderes” que aprovechan el descontento de los hombres de campo para llevar agua a su molino y sacar raja política con emocionantes y hasta conmovedores discursos, pero alcanzan su objetivo y se olvidan de lo que dijeron o prometieron.

El campo, me atrevo a decir que no sólo en Zacatecas sino en todo el país, está envejecido, es decir ya no todos los jóvenes se quedan para seguir la tradición de sus padres de sembrar la tierra, sino que migran a las ciudades, en el mejor de los casos a estudiar, algunos regresan, pero con otra mentalidad.

Otros se van pa’l norte –Estados Unidos- a trabajar, allá hacen vida y no vuelven, he visto pueblos enteros vacíos, con dos o tres casas habitadas y las tierra sin sembrar.

Otro flagelo del campo, de la que poco se habla porque todos temen, es la inseguridad. Sólo recordemos las comunidades de Jerez que fueron en su totalidad abandonadas porque se hizo insostenible la convivencia con células del crimen organizado; así hay muchos campesinos que dejan sus tierras por temor, lo mismo da si estaban en Villanueva, Monte Escobedo o Valparíso…

La semana pasada estuvo en la Legislatura un grupo de productores pidiendo apoyo, fueron ignorados rampantemente por la parte oficial –Morena- que es la mayoría, la que puede incidir para tener buenas políticas públicas para el desarrollo del campo y los campesinos.

La oposición –PAN, PRI, PRD, PT, Nueva Alianza y Moviento Ciudadano- levantó la voz por los productores, pero… ¿servirá de algo? Se necesita más que voluntad y saliva para sacar al campo de la crisis en la que está.

Se necesita actuar y ya, dejar a un lado los caprichos para atender lo verdaderamente importante, no destinar 6 mil millones de pesos a un pequeño tramo carretero y dejar a su suerte a las manos que nos alimentan.

No sólo es tecnificar el campo, porque en una de esas se lleva tecnología de punta al semidesierto, pero ¿de dónde agarrán agua? Zacatecas está en zona de veda para pozos de uso agrícola, es decir no se pueden perforar más y en los que hay, cada vez hay que bombear más profundo, con lo que el agua sale ya contaminada de minerales pesados…

Urgen acciones, recursos económicos, políticas públicas accesibles para todos los productores del campo, que nos garanticen al resto de la humanidad el alimento diario que nos da vida.