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Tratado de Córdoba
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Tratado de Córdoba

JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL

 

El 24 de agosto de 1821 es una fecha que poco se conoce o se conmemora, no obstante, es de suma importancia para el desarrollo histórico del territorio, pues comienza el cese definitivo de la gobernación española. 

 

El acontecimiento lo engalana Juan O’Donojú, quien arribó a la todavía Nueva España con el nombramiento de Jefe Político y Capitán General, conviene resaltar que no con el nombramiento de virrey, por lo que considerarlo así es un yerro, es decir, él venía precedido de un nombramiento con base en la Constitución de Cádiz.

 

Arribó al puerto de Veracruz en julio de 1821 y tras dimensionar todo el proceso independentista, el cual ya tenía casi 11 años, decide continuar con sus ideales liberales; la situación era tan grave para los intereses españoles que ya se había depuesto al virrey Juan Ruiz de Apodaca.

 

En este contexto, aun cuando no estaba facultado por la Corona española, se reunió con Antonio López de Santa Anna para firmar los llamados Tratados de Córdoba, que en realidad sólo fue uno, por lo que debe nombrarse en singular.

 

Al respecto, con la firma del documento en Córdoba, Veracruz, se logró que el Ejército Realista depusiera las armas y reconociera al Plan de Iguala, firmado el 24 de febrero de ese mismo año.

 

También, el contenido del tratado reconoce a los territorios que formaron parte del virreinato novohispano e instaura una nación de carácter soberano e independiente, al cual se nombró como Imperio Mexicano, ya que se asumía el pensamiento de tener una monarquía constitucional de ideales liberales moderados.

 

El nuevo trono se ofreció a Fernando VII o en caso de que no aceptara, a su hermano y finalmente se consideró la opción de alguno de los infantes de Fernando, pero esto no prosperó. En suma, el Tratado de Córdoba da cuenta de la unión de las fuerzas realistas y las independentistas, que, se concluye en la firma del Acta de Independencia en septiembre de ese mismo año.

 

Así, con toda la relevancia de la firma de este documento, de la relación de O’Donojú, Antonio López de Santa Anna y hasta de Agustín de Iturbide, es posible decir que las circunstancias permitieron el desenlace ya conocido, pero además de que como hijos de su tiempo, actuaron de acuerdo a sus intereses e ideales.

 

Se podrá pensar en por qué se decidió en un primer momento tener una monarquía constitucional, por supuesto, esto responde a que era una de las formas más modernas para aquella época y de la cual se tenían amplias expectativas; en la actualidad la situación política es totalmente distinta.

 

Finalmente, recordar este acontecimiento es relevante por las consecuencias que conllevó y porque evitó más derramamiento de sangre en una guerra añeja y desgastante. Ahora, la historia da cuenta del desenlace, pero parece indicar que fue una decisión acertada por ambas partes.