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Un retrato de Carlos V y Felipe El Hermoso
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Un retrato de Carlos V y Felipe El Hermoso

Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas

 

SALVADOR LIRA 

 

En otra de las entregas de la presente columna se ha destacado la relevancia de la representación regia en la Nueva España. Si bien, existe un buen número de retratos de monarcas y soberanos, así como también múltiples estudios -como por ejemplo los emprendidos por Jaime Cadriello, Nelly Sigaut, Víctor Mínguez, Inmaculada Rodríguez Moya, Paula Mues, entre otros investigadores- aún quedan muchos resquicios y análisis de obras por abordar. 

 

En esta ocasión toca el turno de analizar un retrato de Carlos V el Emperador y de su padre, el rey consorte Felipe El Hermoso. Se encuentra resguardado en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec. Se trata de una pintura de óleo sobre tela, de 245 cm de alto por 204 de ancho. 

 

La pintura muestra a los dos soberanos de pie. Ambos aparecen con vestimenta y posiciones plenamente idealizadas, en sus consideraciones específicas de gobierno, así como la caracterización de su imagen de Estado. 

 

En el caso de Felipe El Hermoso, su vestimenta es al modo borgoñés. Su mano derecha porta un guante, mientras que la izquierda se sostiene sobre su cadera. Se trata de una posición de trabajo, cual hombre de Estado en palacio. Destacan los detalles de sus túnicas, con bordados entre dorados en contraste el negro de las vestiduras. 

 

La figura de Carlos V es nodal en cuanto a su representación y postura. Está vestido de militar, que recuerda a la armadura en el retrato de Carlos V a caballo en Mühlberg realizado por Tiziano y que actualmente se resguarda en el Museo del Prado de Madrid, España. No hay que olvidar que una copia de la pintura de Tiziano fue mandada a las Filipinas y se quedó en la Sala del Real Acuerdo, como lo indican Arias de Villalobos e Isidro de Sariñana. Por lo demás, la representación de Carlos V junto a su padre ostenta el bastón de mando en la mano derecha, mientras que la izquierda sostiene la espada; un gesto de mando y poder políticos pleno. Detrás de El Emperador se observa la columna del reino, que simboliza el sostén único del tempo de la monarquía.