• lunes, 22 de julio de 2024
  • 16 °C
Un retrato mortuorio
Compartir en redes sociales

Un retrato mortuorio

Salvador Lira
Durante la Edad Moderna en la Monarquía Católica se realizaron múltiples retratos mortuorios. Esto es la representación pictórica del cuerpo sin vida de un determinado personaje. Por lo general, la realización de estas formas plásticas es a personas con alta jerarquía, ya sea miembros de la casa real, algún noble relevante o bien que forme parte de algún circuito religioso.

Sobre este tipo de pinturas impera un ideal simbólico. Por supuesto, el resguardo del cuerpo para el contexto católico es fundamental, puesto que no hay que olvidar que, a la espera del Juicio Final, vendrá la resurrección, en cuerpo y alma. Por lo demás, sobre el cuerpo, se imponen una serie de vestimentas con símbolos dignos de su posición. Por ejemplo, está el famoso retrato del cadáver de Felipe IV: su cuerpo está revestido con la Orden del Toisón de Oro y en sus manos sostiene una cruz; a un lado se encuentran las insignias regias.

En la Nueva España se resguardan algunos testimonios de digna mención. De los más interesantes se encuentra el del cadáver de José de Escandón y Helguera, conde de la Sierra Gorda. La obra es un óleo sobre tela, resguardado en el Museo Regional de Querétaro. Fue realizado por el pintor Andrés de Islas.

Se trata de un retrato en formato vertical, en el cual se muestra de manera íntegra el cadáver. El Conde está revestido con una túnica blanca con la cruz de la Orden de Santiago. En la mano derecha, con la abertura de la túnica, se sostiene un bastón de mando, propio de la dignidad del personaje. El cuerpo está sostenido por una especie de gabinete mortuorio, bellamente adornado, sobre un espacio en rojo intenso.

En la parte superior se indica una especie de cartela que explica en perspectiva el retrato y al personaje, pues indica su participación en distintos procesos, así como la fecha de su fallecimiento: el 10 de septiembre de 1770, a la edad de 70 años y seis meses.