Día del Maestro
LUCÍA DINORAH BAÑUELOS
FOTOS: CORTESÍA
VILLANUEVA, ZAC.- Para ser maestra se necesita más que ir a la Escuela Normal, calificar para una base en la Secretaría de Educación y estar frente a un grupo “se necesita corazón y vocación”, coinciden José Guadalupe (25 años), Blanca (18) y Gustavo (20), exalumnos de Alicia Reveles Belmontes.
La maestra Alicia, como es respetuosa y cariñosamente conocida por exalumnos, sus padres, compañeros de trabajo y en la comunidad que vive, Tenango, fue por casi 19 años maestra rural multigrado e incluso directora de plantel con grupo a cargo.
Impartió clases en la escuela primaria de San Miguel, una de las 128 comunidades de Villanueva; algunos de los niños que fueron sus alumnos ahora ya son padres de familia, otros emigraron a Estados Unidos y sólo algunos continuaron sus estudios en Zacatecas o Guadalajara; donde todavía el maestro es una autoridad y se le respeta.
Para llegar a su escuela, todos los días se despertaba poco antes de las 5:00 de la mañana y en la carretera que pasa por el rancho donde vivía, pedía un aventón, pues no tenía auto, “tenía conocidos que me llevaban, que con tanto ir y venir, ya sabían que era maestra”.
La dejaban en el entronque que lleva a San Miguel y de ahí caminaba todos los días entre 5 y 6 kilómetros para llegar a su escuela, y otros tantos en la tarde para regresar a su casa, igual, de aventón, “entonces era joven, y qué me hacían esos kilómetros”.
Luego se le presentó la oportunidad de trabajar en la cabecera municipal, donde ya lleva casi 10 años dando clase.
Para ella, ser maestra ha sido una bendición, pues sin saber de todas las satisfacciones que tendría, se quiso “embarcar” en esa aventura, porque era una de las únicas opciones que le permitía su padre.
“Soy de una familia grande de 10 hijos y yo soy la única que estudié, porque antes eran otras ideas, otras costumbres. A mis hermanos los criaron para cultivar la tierra y proveer a sus familias y a mis hermanas para ser amas de casa, esposas, madres; por eso supe desde siempre que sería muy afortunada, porque mi vida sería diferente”, afirma.
Recién egresada de la Normal Manuel Ávila Camacho, la maestra Alicia fue elegida para ser parte del primer grupo de artes escénicas dirigido por el ya finado Gustavo Vaquera, con quien viajó a varios países bailando con la alegría del mexicano.
Luego se fue a Tlaltenango, donde impartió clases apenas unos dos años, y de ahí a San Miguel.
“He tenido momentos muy gratos en mi carrera, pero también otros no tanto”, dijo cuando se le preguntó cómo afronta la violencia desde su trinchera. “Ahorita ya no tanto, pero hubo un tiempo en que era impresionante ‘la contaminación’ de los niños. Tenía alumnos chiquitos (de tercer grado) que ya hablaban de armas, de crimen… Alumnas que todavía no dejaban de ser niñas, pero ya hablaban de pasar la noche con tal o cual personaje.
“Fueron tiempos muy difíciles, porque ¿cómo disciplinar a alguien que amenazaba con hacer valer ‘su poder’ y nosotros en la escuela sabíamos de qué se trataba. Hasta me dolía la cabeza de oír tanta incoherencia en mis alumnos”, lamenta.
Luego vinieron otros retos, como la pandemia de Covid-19 en 2020. La maestra Alicia es reconocida por su dedicación, pero estaba alejada de la tecnología “ahí sí sufrí mucho”, reconoce, pues tuvo que descubrir nuevos métodos para enseñar a leer, a sumar y restar.
“Uso figuras. Una vez según yo hice ranitas para la recta numérica y los niños me hicieron pasar una vergüenza porque yo insistía en que eran ranas y uno de ellos me dijo: ‘pues parece un conejo’, desde entonces, primero pregunto, ‘¿qué les parece que es esto? Y según me digan, eso es”.
Las computadoras le complicaron el trabajo, pero no la detuvieron. Pidió apoyo y asesoría a sus compañeros de trabajo, a amigos y a sus hijos. Cuando la contingencia fue menor, para que sus alumnos se regularizaran, llevaba a su casa a uno por semana.
Meses después, antes de regresar a la escuela, hizo un grupo que atendía en la biblioteca, “ahí esperaba a los niños y luego yo los repartía a sus casas, con tal que los dejaran ir a estudiar”.
Maestros en números
Ayer domingo 15 de mayo, Día del Maestro, la maestra recibió muestras de cariño de sus alumnos y exalumnos con recados, mensajes o llamadas, como los de José Guadalupe, Blanca y Gustavo.
“Es una satisfacción ver a muchos de mis alumnos como hombres de bien”, afirma, pero reconoce que más de uno se desvió del camino “y eso duele, aunque no lo crea”.
La maestra Alicia es una de los 1.2 millones de personas que se dedican a la docencia en México en educación básica según el Inegi, de los que 69.9% son mujeres y el resto hombres, cuya edad promedio es de 40 años. La mayoría de los maestros tienen entre 30 y 44 años y en segundo lugar están los de entre 45 y 59 años.

