Aspectos del Foro sobre Bienestar Animal
Carlos Saucedo Medrano
Nuestro congreso del estado vivió un ejercicio de Parlamento Abierto el pasado miércoles. El objetivo de este foro era la consulta en torno a la inminente reforma a la Ley de Bienestar Animal.
Importantes grupos de la sociedad civil y de la academia se dieron cita en la sala de Comisiones de la legislatura: Docentes y alumnos de la Universidad Autónoma de Zacatecas, defensores de los animales de compañía, empresarios galleros y una buena cantidad de taurinos.
Si bien el contenido de la reforma no toca a las corridas de toros ni a las peleas de gallos, la ambigüedad en algunos términos del documento hizo que se prendieran las alarmas de quienes pugnamos por las tradiciones de México, de ahí la nutrida representación del sector taurino a este ejercicio de pluralidad.
La delegación taurina que llenó la mencionada sala tuvo una postura enfática: las corridas de toros son un patrimonio inmaterial del Estado y como tal, deben cuidarse, promocionarse y blindarse por las autoridades. El ganadero Javier Suárez del Real no mentía cuando afirmó que este tipo de reformas llevan el “dardo envenenado de prohibir la tauromaquia”.
Por su parte, Miguel Infante (más conocido como Kiko Infante) representante de Tauromaquia Mexicana, capítulo Zacatecas, pedía a los grupos animalistas dejar que la fiesta muriera sola, ya que la reciente baja en la afición nacional que se ve en las plazas, augura una puntilla que no requiere de argucias legislativas.
En ese tenor, tuvo mucha razón el director de la Unidad Académica de Ciencias de la Tierra -el doctor Santiago Valle-, al invitar a taurinos y galleros a promocionar sus oficios. Considero que esa aportación del doctor, junto al respeto de los demás grupos ahí reunidos para con la tauromaquia; deben ser el pistoletazo de salida para todos quienes defendemos al toreo.
Nuestro problema es meramente endógeno. Y este se maximiza cuando se presentan novillos por toros (como en San Luis Potosí de manera reciente) o cuando se excluye de los carteles a algún matador con tirón en cierta localidad.
Pero el problema mayor es que la tauromaquia se ha vuelto oculta, nos hemos encargado de que no goce de un lugar popular. Quizás de ahí la puntual observación del director Valle.
El ambiente que dejó este importante ejercicio fue de que con todo y las divergencias, existe una madura y necesaria intención de ponernos de acuerdo por el bien de nuestras convicciones. Y qué bueno que desde ese espacio no se le echa más lumbre al dividido y polarizado entorno que vive la sociedad de Zacatecas.
Esta columna no puede finalizar sin una mención honorífica a la diputada María del Mar Ibargüengoitia. Sin negar la cruz de su parroquia, la legisladora abandera la causa taurina en el Congreso y se hace rodear de la gran baraja de expertos que tenemos. Este grupo, si se lo propone, puede generar importantes iniciativas que realicen la promoción de la tauromaquia para regresarle la popularidad que en otros tiempos tuvo.

