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David Silveti: el torero del sentimiento a 20 años de su muerte
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David Silveti: el torero del sentimiento a 20 años de su muerte

“Para mí, torear es una necesidad y vivir es una circunstancia”

David Silveti 

 

Carlos Saucedo Medrano 

curromedrano05@gmail.com

 

Ocho horas diarias de terapia. Menos de la mitad de un día para los seres humanos que no estamos hechos de eso, de esa pasta. La terapia acoge en sí misma la esencia de la rutina: una seguidilla de ejercicios y posturas encaminadas a recobrar la motricidad. Pero no era del motor del sentimiento el que se recuperaba, ese seguía intacto y aún con más qué expresar. Era tan sólo una articulación. 

 

David Silveti Berry (Ciudad de México, 1955) fue uno de los toreros mexicanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Heredero de una importante dinastía de matadores; Silveti llegó a marcar las hojas de la historia de la tauromaquia con su sello, su personalidad y la clara estampa de lo es un hombre que vive para su vocación. 

 

No recuerdo a otro matador de toros que asumiera su profesión de una manera tan cabal y recta como lo hizo David. Él era torero en todo momento: en las tertulias, en los tentaderos o en los programas televisivos. Sin embargo, la figura del Rey David-  muy popularizada en México a raíz de Manuel M. Ponce con sus tradicionales mañanitas- se encarnó en el tercer torero de la dinastía SIlveti y se amalgamó con la sensibilidad de la afición nacional. 

 

La tarde del 7 de enero de 1979 (que fue el día de su confirmación en La México) cambió el rumbo de su vida torera: en el segundo toro de su lote, procedente de la ganadería de San Miguel de Mimiahuapan, David sufrió una lesión en su rodilla derecha. Esto lo mantuvo alejado de las plazas y con recurrentes problemas para sobreponerse. Él batallaba en la cara de los toros y, como llegó a mencionarlo, al ser de tan limitadas facultades físicas, su única defensa era el ataque. 

 

Esa rodilla maltrecha hizo que Silveti imprimiera a su forma de interpretar el toreo una carga de sentimiento que conectaba mucho con el público. Las célebres escenas de su faena al toro Presumido, el 27 de enero de 1991, en las que David rompe en llanto después de una serie de naturales, reflejan el maremágnum de emociones que libraron batalla en su cuerpo. Aún tuvo la afición la dicha de presenciar dos faenas maravillosas en sus dos últimas corridas que toreó en Insurgentes. 

 

El pasado sábado, hace 20 años, David Silveti dejó de existir en este mundo antes de verse frente al dilema planteado por Albert Camús en su obra El Mito de Sísifo. Y es que, como decía el filósofo francés, el hombre que decide suicidarse es porque antes buscó un sentido para vivir. 

 

David tenía el motivo y lo convirtió en necesidad.