Del porqué el aficionado a los toros se acerca al súper humano (I)
Carlos Saucedo Medrano
Este texto, dividido en dos entregas, no pretende ser un tratado de psicología. Mucho menos alguna guía o manuscrito base para futuras consultas. Sólo es el compendio de palabras que nacen desde la concepción básica de un aficionado a las corridas de toros que, con asombro, percibe el decaimiento de algunas características comunes de la humanidad.
Y comienzo así: el aficionado a las corridas de toros se acerca al súper humano, o quizás sea de los pocos humanos que sobreviven. ¿En qué baso esta primicia? En que el taurino se aleja de los padecimientos modernos: la ansiedad, la disociación social y la alta probabilidad de padecer algún problema físico, entre otros.
- De la ansiedad
Este padecimiento tiene varias definiciones. En general se representa con la presencia de miedos intensos, excesivos y continuos ante situaciones cotidianas. Pues sepan ustedes que el aficionado a las corridas de toros está acostumbrado a ver el dominio del miedo en los brazos de los toreros –conductores estoicos– que desembocan en capotes y muletas para crear arte. Conocemos el miedo, lo asumimos como tal y lejos de espantarnos por él, lo acogemos como un elixir necesario para la sublimación. ¿En qué otra materia, disciplina o escuela te pueden enseñar esto?
¿Que hay toreros, aficionados y profesionales que padecen de ansiedad? Sí y quizás sean muchos casos, pero es el toreo mismo, con sus ritos y valores, lo que te pueden ayudar de una manera más elevada a superarlo con respecto a otras personas.
Habrá algún hombre y mujer que, al primer atisbo de ansiedad se sienta a ver la faena de Julio Aparicio a Cañejo de Alcurrucén en Madrid en el año 1997, o la de Mariano Ramos a Timbalero, de Piedras Negras y se le venga la moral arriba.
- De la disociación social
Vaya frugalidad en la semántica actual: disociación social. Si a los aficionados a las corridas de toros nos ligan con los conceptos raros o inentendibles, la modernidad no se queda atrás.
Este concepto se entiende como una separación de la realidad que acarrea estrés constante, así como la falta de retención en información y memoria, entre otras cosas. Pues bien, el aficionado a las corridas de toros tiene un paliativo natural ante este padecimiento: es un agente social que convive, charla y departe con mayor naturalidad que el resto. Hay extroversión, entusiasmo y ganas de ir adelante en la ruta de una charla cuando coincides con un aficionado. Pareciera una mentira –pero como lo había mencionado en textos anteriores– la convivencia cara a cara se está perdiendo de manera mayor, lo que significa un aliciente para que la disolución social se eleve en exposición geométrica.
El próximo martes hablaré del umbral del dolor.

