¿Dónde quedó la Ley y los límites constitucionales?
En la mira
ALFREDO SALAZAR DE SANTIAGO
En un país donde la democracia es una piedra angular de la sociedad, el proceso de sucesión presidencial se convierte en un tema central que suscita debates y análisis profundos. Uno de los aspectos cruciales en este proceso es la imparcialidad y la no intervención del Presidente en la contienda electoral, así como su responsabilidad de no hablar en términos partidistas sobre la oposición a su régimen, sin embargo, él mismo en su afán de mantener una narrativa orientadora y enajenante para sus seguidores, se empeña día a día en orientar su discurso hacia temas de la política como si el candidato fuera él mismo.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es clara en cuanto a la imparcialidad de los servidores públicos en el uso de recursos y en la no intervención en procesos electorales. El artículo 134 de la Constitución establece que «los servidores públicos de la Federación, las entidades federativas, los municipios y las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, tienen en todo tiempo la obligación de aplicar con imparcialidad los recursos públicos que están bajo su responsabilidad» y donde el Presidente de la República se encuentra sujeto a estas disposiciones y sin embargo, en vez de analizar en sus ejercicios informativos diarios de “las mañaneras” la problemática nacional y avances gubernamentales para su atención, la discursiva se orienta hacia fomentar un discurso político polarizante, oficialista y criticando a quienes no coinciden en su visión de gobierno.
La figura presidencial debe ser neutral y garantizar que el proceso electoral se lleve a cabo sin su influencia indebida, manteniéndose al margen de cualquier actividad o declaración que pueda ser interpretada como un apoyo explícito o implícito a algún candidato o partido político, buscando preservar la integridad del proceso electoral y la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas. Además de la no intervención en la contienda electoral, otro aspecto importante es el manejo de la oposición.
En una democracia saludable, la diversidad de opiniones y la crítica constructiva son elementos clave para el debate político y la toma de decisiones informada. Sin embargo, el Presidente debe ser cuidadoso al expresar sus opiniones sobre la oposición política. El uso de un lenguaje partidista puede polarizar aún más el ambiente político y generar divisiones que dificulten el diálogo constructivo.
En este contexto, la sociedad civil y los observadores políticos han hecho un llamado al Presidente de la República para que sea prudente en sus declaraciones y evite hablar de la oposición en términos que puedan exacerbar las tensiones políticas. El respeto a la pluralidad de voces y la promoción de un debate sano y respetuoso son esenciales para el funcionamiento de una democracia vibrante y participativa, ya que el presidente debe ser un líder que promueva la unidad y el entendimiento en la sociedad.
Evitar el lenguaje polarizante y enfocarse en los temas de interés nacional, como la seguridad, educación y la pobreza misma, vaya que son de preocuparse después de cinco años de gobierno. Al tiempo.

