El canto de las sirenas y los pollitos de colores
Iván López
Con la cercanía del periodo electoral se escuchan cantos de sirenas por todos lados y las propuestas se hacen agua en términos económicos. Pero primero hay que ver el piso que estamos tocando en 2024: El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, es decir, el promedio de dólar ganado por un mexicano –producto de dividir el Producto Interno Bruto, esto es, la riqueza generada en un año dividida entre el número de habitantes– hoy estamos a niveles más bajos que en 2018 al inicio de la actual administración federal.
También, de las 45 economías más grandes –en términos de volumen, no de riqueza por habitante- nuestro país se ubica en el puesto número 31 en cuanto a la habilidad para recuperarse, o sea, estamos entre los peores. Algunos expertos comienzan a sospechar que la «recuperación» –así, en minúsculas y con comillas– del peso frente al dólar se debe no sólo al aumento de las remesas –envíos de dinero de migrantes a sus familias– que por cierto cada vez rinden menos, que equivale a saludar con sombrero ajeno, sino a una bonanza de una pujante economía subterránea ilegal, pues no cuadran los números reales con la prosperidad en los envíos de remesas, pero son sólo eso, sospechas de algunos. Lo que es cierto es que vamos mal, y la actual administración va a entregar cuentas generales peores de cómo lo recibió y ya no se puede culpar de ello a la pandemia.
Y se verán espejismos que hagan pensar otra cosa, por ejemplo, se acaban de dar a conocer datos sobre el aumento en la industria, por casi 2 %, empujadas por la construcción y más lejos, de la manufactura, pero todo ello impulsado por la iniciativa privada, ya que lo servicios gubernamentales tuvieron un crecimiento negativo, bajando 0.8% en enero. Sorprenden los datos negativos en la industria minera, debido tal vez, a bajas en las demandas mundiales.
El desempleo en el vecino del norte está aumentando con tendencia a la baja, lo cual traerá malas consecuencias en los hogares mexicanos de cualquier nivel, los de menos recursos verán menos remesas –pese a las cifras que tanto presumen acá– y otros verán cancelados proyectos, ventas y hasta perderán sus puestos en este lado del río, mientras que muchos no podrán vender lo que tenían pensado para el consumo de los estadounidenses.
Finalmente, el mal llamado «superpeso» es un pollito de colores que muere muy rápido y es reemplazado por otro del mismo color, pues bastan cosas sencillas para que vuelva a subir y regresemos a la normalidad, para muestra un botón: se dieron a conocer los datos de inflación de Estados Unidos, la cual fue superior a la esperada por el mercado y ¿qué pasó?, el peso se depreció, bajó su valor frente al dólar… ¡Alguien necesita otro pollito!

