Eventos académicos
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Desde que era estudiante de la licenciatura en Historia, asistir a los congresos nacionales o regionales de estudiantes era toda una aventura, pues, muchos preparábamos una ponencia, que más que nada era un ensayo sobre un tema visto en alguna de las asignaturas, otros más íbamos para conocer la ciudad y a hacer amistades.
Conforme pasó el tiempo, y ya de manera personal, continué yendo a otros eventos, pero ahora a presentar avances de pequeñas investigaciones, las cuales iban enfocadas en los intereses y temas del posgrado que estaba haciendo, pero con la intención también de escuchar y aprender de los demás compañeros ponentes.
Y así continué durante algunos años más. Por supuesto, el viaje representaba gastos de traslado, de hospedaje y de comida; en ocasiones se tenían apoyos de las instituciones a las que se representaba y en otras se tenía que poner de nuestro propio recurso.
Comentaba hace unos días con algunos compañeros y excompañeros que el año 2020 fue un parteaguas en muchos sentidos, ya que, la famosísima pandemia de covid nos mandó a casa y por obvias razones ya no se pudieron realizar congresos, no de manera presencial.
Pues, contrario a lo que se piensa, hubo una proliferación exagerada de eventos virtuales. Algunos se enfocaron en la recuperación de experiencias pandémicas, otros continuaron con sus respectivas temáticas, pero había un bombardeo constante de convocatorias e invitaciones.
Así, en el ámbito académico, del que tuve oportunidad de estar inmerso, aceptaba muchos y rechazaba los menos, todo por la “facilidad” de estar en casa y tener “suficiente tiempo”, por tanto, la cantidad de constancias virtuales se multiplicó para muchos colegas y para mí mismo.
Por supuesto, la suma de trabajo fue mucha, y por las razones antes dichas, se ocupaba tiempo que normalmente era destinado para el esparcimiento y el descanso. Eso trajo consecuencias para algunas personas, pues se elevaron los niveles de estrés, ansiedad y hasta de peso, ya que, la mayoría del tiempo era estar sentado frente a la PC.
Conforme pasó el tiempo, los contagios disminuyeron, las actividades nos hicieron regresar a nuestros trabajos, pero las constantes convocatorias continuaron. La mayoría, ahora con el formato de hibridez, es decir, los que podían asistían personalmente lo hacían y otros se conectaban a las distintas plataformas que aparecieron.
Pero, las actividades presenciales de las distintas instituciones académicas, más los traslados y otras ocupaciones, ha hecho que sea más difícil continuar con el ritmo establecido en el confinamiento.
Y aquí es donde quiero hacer más énfasis. Los eventos académicos presenciales cada vez son menos favorecidos.
Las razones son muy sencillas: la virtualidad nos evita gastos elevados, tiempo de viaje y otras más, no obstante nos impide: conocer nuevos lugares, establecer más vínculos con otros colegas, pues en la mayoría de los casos, en los eventos virtuales sólo nos conectamos, presentamos, esperamos la respectiva constancia (o la pedimos por correo electrónico) y nos desconectamos, algunos sólo entramos a las sesiones, apagamos la cámara y nos vamos a hacer otras cosas.
Desde mi punto de vista, hasta irrespetuoso es esto, porque no estamos apreciando y aprendiendo de las investigaciones o exposiciones de los colegas. Pero en fin, considero que ahora ya hasta los congresos, coloquios, seminarios, etcétera a distancia han generado cierto cansancio, cuantimás los presenciales.
Finalmente, invito a que no dejemos caer los eventos presenciales, son oportunidades que ayudan a estrechar vínculos y aprender más, no vayamos sólo por las constancias y lo que ello significa, pero si continuamos con la virtualidad (considero que es excepcional), dediquemos el mismo tiempo y empeño que hacemos o haríamos al asistir personalmente.

