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Fui profesionista y político, pero yo quería ser torero: Genaro Borrego
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Fui profesionista y político, pero yo quería ser torero: Genaro Borrego

  • El exgobernador de Zacatecas concede una entrevista a La Nota Zacatecas unos días antes de cumplir 74 años de vida

 

CARLOS SAUCEDO MEDRANO

FOTO: CORTESÍA 

ZACATECAS, ZAC.- El pausado andar de Genaro Borrego Estrada lo distingue entre las calles del Centro Histórico.

 

Su vida dedicada al servicio público y la iniciativa privada, así como el amor que tiene por Zacatecas, le hacen ocuparse aún en abonar, desde su trinchera, al desarrollo de la entidad.

 

El otrora gobernador del estado (1986-1992) habla de su más grande pasión: las corridas de toros y cómo las ganas de ser torero fueron matizadas por la introspección hasta llegar a la decisión que le daría rumbo definitivo a su vida.

 

Pregunta.- ¿Cómo vive lo que usted llamó “la más sosegada etapa otoñal de la existencia”?

Genaro Borrego Estrada.- Sosegada quiere decir más reposada, más tranquila y sin prisas. Soy jubilado y estoy por cumplir 74 años: es el otoño de mi vida. Vivo en la Ciudad de México, allá es mi residencia permanente, pero desde luego quise tener un lugar donde pudiera llegar a mi ciudad natal, Zacatecas. Por cariño, amor a la tierra, nostalgia de mi infancia y querer, con el cuidado y la prudencia necesaria, tratar de aportar algo a la ciudadanía en los aspectos que a mí me parecen fundamentales. Más donde está el principal déficit del estado que es la educación. Me refiero en general a la educación y la cultura, pero en específico a la educación cívica, así como la cultura de la convivencia digna, en paz, respetuosa y enaltecedora; tanto de los individuos, de las familias como de la comunidad. Trato de venir en la medida de lo posible a pasarme unas cortas temporadas acá, pues tengo más de 50 años viviendo en la Ciudad de México.

 

P.- ¿Cómo vive ahora su afición a las corridas? ¿Sigue viajando a España a las ferias de San Isidro y Sevilla?

GBE.- Sí, trato de acumular puntos durante el año para poder volar hacia allá (se ríe). Mi esposa tiene familia en España y tenemos la oportunidad de llegar sin que sea oneroso desde el punto de vista económico. Cuando hay corridas procuro asistir a ellas y también conocer un poco más esa raíz indiscutible que nosotros tenemos: la hispanidad. Así como tenemos una raíz indígena muy honorable, honrosa y digna; también tenemos una raíz hispana: esa es la mexicanidad. Trato de vivir ambas a plenitud y ahora, que tengo esa oportunidad de viajar con mayor frecuencia, lo hago con muchísimo gusto.

 

“Los toreros de corte clásico son los de mi mayor gusto”

 

P.- En España el toreo clásico ha encontrado nuevos exponentes como Juan Ortega y Pablo Aguado. ¿Qué opinión le merece ese corte de toreros que en la actualidad están llamando mucho la atención?

GBE.- Bueno, son toreros que tienen la expresión clásica muy pura y que es lo que podríamos decir el toreo eterno, de verdad y con naturalidad: el hacer fácil lo que es muy difícil. Estar muy serenos frente al toro, tener muy claras las nociones de los terrenos, las distancias, la colocación, del temple y del ritmo; todo eso lo tienen algunos cuantos toreros que por cierto son los de mi mayor gusto, aunque admiro y respeto a todos, sobre todo a los que son muy poderosos. Pero los que logran hacer arte, los que logran transmitir emociones, sentimientos y sensibilidades a través del toreo puro, esos son los a los que el público está reinvindicando para reencontrarse con lo clásico, con lo original. Sin embargo, en todas las etapas del toreo ha habido líderes con mucho carisma, personalidad y jalón de taquilla, eso también es muy importante para la fiesta. Ahora hay un abanico muy importante de extraordinarios toreros de todos los estilos y formas, los cuales tienen mi respeto.

 

P.- Hace algunas semanas cumplió 68 años Rafael de Paula. Al respecto circuló en redes una foto en la cual se le encuentra a usted con él en Jerez de la Frontera, España. ¿Qué recuerda de ese momento?

GBE.- Él es un torero que a mí siempre me ha gustado, porque ha tenido eso que yo menciono: ese don. Eso sólo Dios lo da. Poder hacer sentir a quienes lo ven, sensaciones únicas. Porque las siente el propio torero y lo que el torero siente, transmite. Torero que no transmite no siente y cuando no se siente, pues no hay arte. Puede haber oficio y otras cualidades, pero arte, no. Y Paula ha sido un torero de mucha personalidad, sensibilidad y  transmisión, por eso siempre me ha atraído. Tuve la oportunidad de estar en Jerez de la Frontera. Fui en una ocasión invitado por Álvaro Domecq y tuve la oportunidad de encontrarme en una caseta -como le llaman allá en tiempos de feria- con el maestro De Paula. Después lo volví a encontrar en la plaza, lo saludé y alguien nos tomó una foto que por ahí anda. Esa foto me gusta mucho. Rafael es un torero gitano muy admirable de mi parte.

“Por mi edad, debería de ser más cuidadoso en torear, pero lo que siento lo llevaré por siempre”

 

P.- A la par de asistir a las ferias españolas, también aquí en México suele asistir a algunas ganaderías ¿todavía sigue pegando uno que otro muletazo?

GBE.- Sí, desde luego. Ya me invitan muy poco, prácticamente nadie me invita. Quien me hace el favor de convocarme más a participar en los tentaderos es Manuel Fernando Sescosse en Boquilla del Carmen. Siempre voy con muchísimo gusto. Claro que suele haber la oportunidad de, como se dice luego en el argot, “matar el gusanito”. Ya debería ser yo más cuidadoso, por mi edad, pero son cosas que tengo desde niño y las llevaré siempre hasta que las piernas y los reflejos lo permitan.

 

“Dios me premió por tener el valor de decir “no” con un triunfo en la Plaza México”

 

P.-  ¿En algún momento de su vida le pasó por la mente querer ser torero?

GBE.- Sí claro, cómo no. ¡Y muy fuerte! Guardando las distancias y toda proporción, me pasó lo mismo que dijo Sabina [Joaquín]: “yo soy cantautor por cobardía, porque la verdad lo que yo quería ser es ser torero”. Fui universitario, profesional y también las circunstancias se dieron para la política, pero por cobardía. Yo en un momento sí me veía torero, porque, a quienes me veían de adolescente torear, les parecía que yo tenía las cualidades necesarias para poder vivir dignamente de esto e interesar a los públicos y las empresas. Es una pasión que a mí me gusta hacer: yo siento el toreo. Es muy difícil de explicar a taurinos y más a antitaurinos, que se tienen esas emociones y esas sensaciones únicas. Yo las sentía desde entonces y obviamente las sigo sintiendo. Hubo momentos en que me dejé llevar por el canto de las sirenas y sí pensé en dar el paso. Luego reflexioné más. Incluso mi padre, cuando estaba muy malo de salud, me dio a entender que no le gustaría que yo pretendiera ganar dinero rápido y fácil a través de actividades como las que pudieron haber sucedido si decidía torear profesionalmente.

 

Recuerdo bien que don Jesús Cabrera me hizo el favor de darme alojo en su ganadería de Sain Alto para ir a reflexionar. Una semana después regresé con el “no” clarísimo: miré al cielo y le dije: “Dios mío: ¡No!” Y dejé eso de lado. Pero también me propuse hacerlo con gusto, afición y decoro en las oportunidades que se presentaran en el futuro. Entonces me dediqué exclusivamente a estudiar la universidad en la Ciudad de México y luego a tratar de ganarme la vida ya que nuestro padre no dejó ninguna herencia económica. Claro que dejó una enorme herencia moral e intelectual, pero nosotros teníamos que trabajar con el apoyo de mi madre y de todos los hermanos.

 

No obstante, siempre que se presentaba la ocasión, toreaba. Incluso mis entrenamientos y mi gimnasia diaria está relacionada con la práctica del toreo, esto implica tener buenos reflejos, buenas piernas, buen ritmo, una mente serena y disfrutar en las caminatas y trotes sin dejar de hacer toreo de salón.

 

Todo eso lo hice por mucho tiempo a la par de asistir a tentaderos. Cada año, alrededor de mi cumpleaños, me gustaba organizar un festival familiar donde yo toreaba y lidiaba a muerte un novillo. Eso lo hice, pero luego Dios me premió: sin yo buscarlo ni pensarlo, me dio la oportunidad de torear de aficionado en la Plaza México. Aquello lo entendí como un mensaje de arriba que decía: “no tuviste el valor de ser torero, pero sí tuviste el valor de decir ´no´, entonces te compenso con este regalo” y me dio ese regalo de torear y tener un triunfo muy satisfactorio.

 

P.- En caso de que hubiera dado ese paso, ¿cuál cartel le hubiese gustado para tomar la alternativa?

GBE.- Uno con los toreros que me gustan y que han sido un poco el espejo en el que me gustaría verme. El maestro [Antonio] Ordoñez, que fue el primer torero al que yo admiré y tomé como modelo a seguir con el toreo que a mí me gustaba practicar, aprender y hacer. Luego me vi en el espejo de Camino [Paco] y siguiendo un poco esa línea el de Manzanares padre y ahora Morante, quien me parece el torero más completo de todos los tiempos del toreo.

 

P.- ¿En México ve a algún torero con esos toques clásicos?

GBE.- Sí, he visto algunos que me han gustado mucho. Desde luego a Manolo Martínez. Yo lo admiré mucho como torero y conviví mucho con él, siempre guardando las distancias, pues él tenía su manera de ser y de vivir y yo la mía. Siempre sentí que él me tenía cierto afecto y yo a él. Nos conocimos desde muy jóvenes los dos y fue un torero que influyó en mí. Incluso llegamos a torear bastantes tentaderos juntos y le agradecí siempre que me diera consejos muy valiosos.