Hoy se cumplen 15 años del enfrentamiento que fue parteaguas de la historia criminal reciente de Zacatecas
- El 28 de diciembre de 2007, en Jerez, fue atacado un convoy que trasladaba a tres detenidos de alta peligrosidad para rescatarlos. El saldo de la refriega fue de siete policías muertos y un detenido
Policías caídos
Ministeriales:
- José Manuel Hernández Martínez
- José Beltrán Gallegos
- Alfredo Bernal Ramírez
- Baltazar Solís
- Jesús Manuel Quintero
- Mario García Hernández
Agente de tránsito
- Brígido Reza García
LUCÍA DINORAH BAÑUELOS
FOTOS: DAVID CASTAÑEDA
ZACATECAS, ZAC.- El primer aviso del desastre llegó mediante la frecuencia de radio de la Dirección de Transporte, Tránsito y Vialidad (DTTyV), para entonces, la que más presencia tenía por la cantidad de elementos uniformados que respondía a todo tipo de llamados de seguridad, no sólo de vialidad.
Una voz reportaba que les disparaban en las inmediaciones de Jerez.
Media hora de silencio se rompió cuando el comandante Santiago informaba –por la misma frecuencia- que habían matado a Brígido Reza García.
Su cuerpo con un balazo en la frente quedó reclinado en el volante de la patrulla que conducía.
Brígido Reza ingresó a la DTTyV a principios de los años 90 como agente de tránsito en la capital del estado, luego solicitó su cambio a Fresnillo, donde llegó a ser patrullero.
El viernes 28 de diciembre de 2007 se le ordenó encabezar el convoy que trasladaría hacia Zacatecas a tres personas resguardadas en el destacamento de la Policía Ministerial, en Tlaltenango de Sánchez Román.
Nunca llegó a la capital
Su patrulla quedó varada en la comunidad Ermita de Guadalupe, Jerez, donde las fuerzas del orden repelieron el primer ataque.
Los balazos que se oyeron cerca de las 5:00 de la tarde de ese 28 de diciembre, en Jerez, fueron el parteaguas de la historia criminal reciente de Zacatecas.
Fue el primer enfrentamiento entre fuerzas del orden y delincuentes en el estado, cuyo saldo envolvió en luto y orfandad a siete familias.
Ese día, policías ministeriales, estatales y de la DTTyV escoltaban a tres presuntos secuestradores que el 26 de diciembre habían sido capturados.
La misión de los agresores era rescatar a los detenidos, de entre 24 y 35 años por lo que prepararon una emboscada a la entrada a Jerez y se llevaron a dos de ellos.
Sin embargo, el arresto de los tres hombres encierra un misterio; sólo los que participaron en el operativo conocen la verdad.
Una versión apunta a que fueron militares, vestidos de paisanos, quienes detuvieron a los secuestradores en un mirador en Atolinga.
En ese punto, los presuntos delincuentes los recibieron a tiros al verse descubiertos y asesinaron a su víctima, el hijo de un empresario de la región.
Otra versión es que un policía de Atolinga, sin saber de su peligrosidad, los detuvo.
Una tercera historia, narrada por testigos de los hechos, dice que la policía municipal de Tepechitlán detuvo a estas personas con armas y los llevaron a los separos preventivos, donde se montó un operativo.
Una versión más apunta a que los secuestradores fueron detenidos tras un enfrentamiento a balazos en Tlatenango.
El Día de los Santos Inocentes
Desde el jueves 27 se intentó trasladar a los detenidos al penal de Cienguillas.
Pero, al conocer sobre su peligrosidad se decidió posponer el traslado hasta el viernes en espera de apoyo, por temor a un posible rescate.
De acuerdo con testigos, desde las 10:00 de la mañana del viernes estaban atentos al traslado funcionarios de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Zacatecas (PGJEZ), encabezada por Carlos Pinto Núñez.
José Luis Aparicio era subprocurador de Investigaciones Especiales de la PGJ; aún recuerda el momento en que le llamaron para notificarle de lo sucedido y hace un balance de ese día al paso de los años.
“Yo estaba en la casa; en la tarde-noche me avisaron lo que ocurrido y me ordenaron que me trasladara”.
Fue directo a las instalaciones de la Policía Ministerial que se había convertido en un bunker resguardado por elementos de 11 Zona Militar.
Ahí se encontraba uno de los tres presuntos secuestradores; el convoy que lo trasladó –recuerda Aparicio- se movió 40 minutos antes que el resto.
Las fuerzas del orden que llegaron con él a su destino sin ningún inconveniente. Llegaron con él sin daño alguno.
Durante la noche y madrugada, los peritos trabajaron en la colonia Jardines de López Velarde, casi frente al Hospital de Especialidades Jerez, donde murieron seis policías ministeriales.
Adentro del hospital todo era caos, cerraron todos los accesos ante el acontecimiento sin precedentes en esa ciudad.
Ante la presunción de delitos federales, parte de la investigación fue turnada a la Procuraduría General de la República (PGR).
En tanto, la capital del estado se convertía en una fortaleza; trabajaban en coordinación policías de ministeriales, estatales, las municipales de Zacatecas, Fresnillo y Jerz y oficiales de tránsito.
Al operativo se sumaron policías de Aguascalientes y la entonces Policía Federal Preventiva desplazó a 300 elementos.
En tanto miembros del Ejército custodiaban la sede de la Policía Ministerial.
Se ordenó un operativo conjunto entre la DTTyV y la municipal capitalina desde la comunidad Cieneguillas hasta el la sede la Policía Ministerial.
Preveían un nuevo ataque.
“Después de eso –narra Aparicio- empezaron a llegar las fuerzas federales”.
Los sobrevivientes
En la capital, cuando la vida en las corporaciones “se normalizaba” después del 28 de diciembre, los sobrevivientes al ataque presentaban síntomas de depresión y ausencia.
Dos síntomas de estrés post traumático.
“Estaban deprimidos o como distantes, por eso se les concedió su retiro algunos”, dijo un expolicía que se retiró después de lo acontecido.
El acontecimiento no sólo fue un parteaguas en la historia de Zacatecas, sino en la historia personal de policías y sus familias.
“A partir de entonces uno andaba con el miedo a flor de piel. Sí, teníamos mucho miedo aunque otros compañeros no quieran reconocerlo”, dijo un policía de tránsito que pidió no ser identificado.
Recordó que en ese tiempo muchos se dieron de baja.
“La mayoría desertó. No sé cómo yo no me fui, pero sí lo consideré. Es que era peor salirse, porque nos conocían, sabían quiénes éramos y que sabíamos de tácticas y de armas y se jalaban a los que se salían”, dijo.
Y contundente agregó: “Hasta cruzar la calle daba miedo”.
El gobierno de Amalia García Medina absorbió el total de los gastos funerarios para los siete elementos caídos en cumplimiento de su deber.
Además, agilizó los trámites para el pago de la pensión para los deudos mientras que a la viuda de Brígido se le ofreció una bonificación extra, expresaron las fuentes que se consultaron.
Según registros del penal de Cieneguillas, el único detenido alcanzó su libertad durante las primeras semanas de 2008 y se le perdió la pista.

