La pintura de la Virgen de Guadalupe por su patronato
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
SALVADOR LIRA
El proceso de la proclamación pontificial del Patronato de la Virgen de Guadalupe en la Nueva España fue complejo y con amplias consideraciones en ambos lados del Atlántico. Si bien el hecho se consolidó el 24 de abril de 1754 por la bula Non est equidem del papa Benedicto XIV y bajo el gobierno monárquico de Fernando VI, en realidad se trata de una serie de elementos políticos–culturales que se remontan al menos 10 años antes.
El hecho del dictamen y bula trajo consigo múltiples representaciones. Quizá, una de las más características al respecto, que involucra una imagen plena de la Monarquía Católica, la Nueva España y el Papado, es la pintura anónima circa segunda mitad del siglo XVIII.
La pintura representa en el centro a la virgen de Guadalupe, con su aureola, dos querubines en la cima y el ángel sobre media luna debajo. La composición es a partir de una representación mariana, con cuatro escenas que indican momentos cruciales del relato fundacional de la guadalupana, con la representación de Juan Diego.
Aunque, quizá la mayor valoración de la obra es la muestra de los personajes en la parte central de la pintura, en las que destaca el Papa Benedicto XIV y el rey Fernando VI, ataviado de rojo, con la banda de la orden del Espíritu Santo y con una mirada fija hacia el espectador. Debajo de ambos, se encuentran sus armas reales, las del papado, así como las de Castilla y León, con la flor de lis en el centro.
Entrambos escudos heráldicos, se observa la representación del templo del Tepeyac y en cima una cartela, que a la letra dice:
Viva copia de la Copia
Viva de María Señora Nuestra
En su Imagen de Guadalupe
Declarada Patrona
De la Nueva España con
Autoridad Apostólica
Por la Santidad del Señor
Benedicto XIV en 24
De Abril de 1754.


