Peregrinaciones a La Bufa
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Corría el año de 1728 cuando el conde José de Rivera Bernárdez decidió erigir una capilla en lo alto del emblemático cerro de La Bufa, el cual ha sido símbolo de la ciudad desde el siglo XVI cuando se descubrieron las minas de plata.
El motivo de la construcción del templo, además del religioso y la veneración de la virgen llamada “del Patrocinio”, fue para posicionarse como el personaje de la nobleza más prominente de la ciudad y la región. La edificación se realizó de manera inmediata sin importar el costo y en cuanto estuvo completa se dedicó solemnemente.
Las fiestas, por supuesto, fueron grandiosas: corridas de toros, comedias, fuegos artificiales, banquetes, misas y por supuesto las procesiones, hoy llamadas peregrinaciones, engalanaron el evento en el que participaron las autoridades eclesiásticas y civiles dando la debida solemnidad y legalidad.
Algunas fuentes indican que esto sucedió el 21 de noviembre de 1728 y quedó registrada en La Gazeta de México en el mes de febrero de 1729 con las palabras del conde:
“La capilla de Nuestra Señora del Patrocinio, principal protectora de esta ciudad, que a expensas del conde de Santiago de la Laguna, se ha fabricado, en la cima del cerro nombrado Bufa, se finalizó con todo primor, […] cuyo efecto la tarde del día antecedente salió en procesión la devota imagen de Nuestra Señora, […] a este asunto se representaron comedias y con el mismo motivo se corrieron toros y hubo costosos fuegos artificiales, así en la cumbre de la Bufa como en las principales calles de la ciudad”.
En los años posteriores se recorrió la fecha hacia el mes de septiembre y se organizaron peregrinaciones distribuidas entre los distintos gremios existentes en la ciudad, es decir, los gremios eran grupos de personas dedicadas a un oficio en común, por ejemplo, existían: zapateros, carniceros, aguadores, pulperos (tenderos), los cuales subían con gran algarabía a través de la falda del cerro hasta llegar a la explanada. Ahí celebraban el rosario y se ejecutaban danzas de matlachines.
Con el paso del tiempo y en los dos siglos siguientes fueron modificándose algunas cosas, en este sentido, los gremios antiguos desparecieron o evolucionaron, por lo que ahora asisten transportistas, herreros, carpinteros, entre otros; pero la esencia y rituales continúan.
Este tipo de fiestas dan cuenta del sincretismo cultural que prevalece en la ciudad de Zacatecas, pues, este es el motivo de que danzas como los matlachines que son de origen prehispánico y de la región chichimeca, en la cual está enclavada la ciudad, se perpetúen en la cultura. Asimismo, elementos como el rosario, las corridas de toros, las comedias evidencian el legado hispánico y por supuesto los fuegos artificiales la interacción con Asia, mismas que ahora se manifiestan con artistas de talla internacional y juegos mecánicos, entre otras cosas, pero sin perder el origen que es la celebración de la virgen del Patrocinio.
Hoy en día, esta celebración tiene 295 años y abre paso a lo que se conoce como Feria Nacional de Zacatecas.

