Quesos
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Continuando con tradiciones de Zacatecas y esta vez, considero que de muchas partes del país y del mundo, hablaré de una experiencia acerca de quesos.
Recuerdo que en el año de 1998, cuando cursaba el tercero de primaria, el profesor en turno de la escuela “Flores Magón” ubicada en la capital del Estado, en algún tema que sinceramente no recuerdo, pero ubico en la extinta asignatura de Conocimiento del Medio, nos solicitó investigar acerca de la elaboración de algún producto comestible en la localidad.
Para ello, nos organizó por equipos y cada uno tomó el acuerdo sobre qué iba a investigar. Para nosotros como estudiantes, era una proeza realizar un trabajo de esa magnitud, pues implicaba ir por la tarde al lugar elegido.
El grupo de compañeros en el que estaba, eligió saber acerca de cómo se hacen los quesos. Algunos imaginaban que iríamos a una especie de granja para ver cómo se extraía desde la vaca, sin embargo, muy cerca de donde vivía, una señora se dedicaba a la elaboración y venta de quesos frescos.
Así, nos pusimos de acuerdo y llegamos a las 4 de la tarde a la casa de los quesos. La señora nos comenzó a explicar desde que hacía el pedido de la leche, la cual era llevada por una persona de algún rancho cercano a la capital, la cual era trasladada en un recipiente de metal con una agarradera en la que, según lo dicho, se conservaba en buen estado algunos días a pesar del clima.
Después se hervía la leche hasta que tomara la textura adecuada para que se coagulara; una vez que se haya convertido en “cuajada”, se cortaba y se colocaba en unos moldes también de acero, ahí se escurría el suero para que tomara la consistencia de queso fresco. Antes de terminar, nos dijo, se colocaba sal para darle el último toque y tomara el sabor preciso, finalmente se colocaban en un recipiente parecido a un refrigerador, pero no lo era, para su secado y listo.
Doña Rosa nos explicó ese proceso y no sé si sea el único o no sea totalmente correcto, pero al menos es el conocimiento que me quedó, y seguramente a mis compañeros también. Lo más agradable es que al final nos regaló un pedazo de queso que nosotros fuimos ayudando a hacer. Sin duda una muy buena experiencia.
En la actualidad, ya no se fabrican quesos en aquella casa, pero de lo que estoy seguro es que esta tradición continua y aunque la industrialización ha ganado terreno, habrá quien los haga de manera artesanal.
Finalmente, mucho se ha hablado sobre lo que ahora pide la Nueva Escuela Mexicana, específicamente con la relación del contexto y el interés del alumnado, sin embargo, con lo antes dicho, es posible ejemplificar que ya se hacía desde el siglo pasado, con lo cual, no significa que sea novedoso o que sea incorrecto, sino que muchas de esas continuidades son necesarias para preservarlas.

