Sandra, una maestra jubilada y jubilosa
TEXTO Y FOTOS: LA NOTA ZACATECAS
ZACATECAS, ZAC.- Los ojos le brillan sólo de recordar lo que 35 años de trabajo en la docencia le dejan en el corazón y los recuerdos. Sin titubear sencillamente afirma: “nada más grato que poner un pie dentro de la escuela para sentir la magia que transforma todo”.
Con sumo agradecimiento a la vida, a sus alumnos y padres de familia, a sus compañeros y a las instituciones que la vieron crecer como profesionista, Sandra Arredondo Ayala se jubiló.
Atrás quedaron los desvelos para preparar las clases, para arreglar la ropa con la que se presentaría impecable en la escuela y las prisas para llegar a tiempo a la escuela.
Por 35 años formó niños en educación primaria, su primera escuela está en Apatzingán, Michoacán, a donde fue enviada luego de titularse como profesora por la Normal Rural Experimental Rafael Ramírez Castañeda, en la generación 1983-1987.

Por el grado de inseguridad en aquellas latitudes, pidió su traslado a su natal Zacatecas, donde dio clases a niños de Sombrerete, Río Grande y Zacatecas capital. Durante sus años de labor, buscó siempre impartir primer año, pero igual estuvo en los cinco grados restantes.
Las aulas de la escuela Gral. J. Jesús González Ortega fueron las últimas en las que la maestra Sandra dio clases, un deseo que pidió cuando hacía su maestría en Educación en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN); entonces los cursos eran ese plantel que enamoró a Sandra que se dijo “esta escuela me gusta para jubilarme”.
La docencia conquistó su corazón desde niña, cuando, por una enfermedad, medio cuerpo le quedó paralizado y recibió clases especiales y terapia física de una maestra amorosa y dedicada que le inspiró a ella también enseñar.
La admiración por esa maestra, arrebató a Sandra del brazo implacable de la migración, pues era el destino final de casi todas las jóvenes de su natal Loreto, Río Grande; todo se alineó para que fuera maestra, pues su padre trasladaba a algunas jóvenes a la normal, donde un día el director la invitó a estudiar ahí.
Con la satisfacción de haber cumplido su labor ahora se convierte en lo que dice “una jubilada jubilosa”, muy festejada por familiares y amigos que la agasajaron con una gran fiesta antecedida por una misa de acción de gracias.
Visiblemente conmovida, la maestra Sandra agradeció las muestras de cariño de todos “porque todos, alumnos, padres de familia, compañeros… todos se quedan en mi ser. Cada escuela en la que estuve se convirtió en mi casa y todos en mi familia”.

