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Sentencia de Maximiliano
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Sentencia de Maximiliano

JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL

 

El 14 de junio de 1867 el Consejo de Guerra del gobierno de Benito Juárez sentenció a muerte a Maximiliano de Habsburgo, la razón fue porque representaba a una monarquía extranjera y debía, según la visión de los republicanos, establecerse un gobierno independiente compuesto por mexicanos.

 

La ejecución se llevó a cabo el 19 de junio de ese mismo año en el famoso Cerro de Las Campanas en las afueras de la ciudad de Querétaro; como se sabe, fue fusilado junto a Miguel Miramón y Tomás Mejía.

 

Se tiene conocimiento de que antes de ser fusilado Maximiliano exclamó: “Voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”. 

Además de que regaló algunas monedas de oro a los integrantes del batallón.

 

Con ello se sellaba lo que sería el intento de la facción imperialista por implantar una monarquía en México, no obstante, aún faltaba mucho tiempo para estabilizar a la nación, pues después de estos acontecimientos, Juárez intentó reelegirse, pero lo alcanzó la muerte, misma situación reeleccionista con Lerdo de Tejada y no se diga con Porfirio Díaz.

 

Pero regresemos a 1867. Ese año y en particular entre el 14 y el 19 de junio, pero finalmente el 15 de julio, es lo que se va a conocer como “República restaurada”, recibiendo esta denominación porque finalizó el segundo imperio (el primero había sido el de Iturbide de 1821 a 1823), es decir, se lograba nuevamente lo que los republicanos y liberales radicales buscaban.

 

Conviene precisar que la historia oficial ha colocado a Maximiliano como un villano más en la historia de México; pero también es de resaltar que otra corriente de pensamiento ha tratado de encumbrarlo al afirmar que tal vez era más liberal que el mismo Juárez.

 

Aquí, por el espacio y porque no es la intención, no voy a desmentir a ninguna de las dos posturas, pues considero, y como lo he dicho en ocasiones anteriores, es conveniente evitar la historia maniquea, pero a partir de las dos interpretaciones, han surgido diversas historias que invito a que usted que lee, a que indague y encuentre algunas respuestas.

 

De lo más famoso, es que hubo quien habló con Juárez para salvar la vida de Maximiliano con la promesa de abandonar para siempre el país, a lo que el prócer liberal objetó que no era el hombre, sino la idea; el desenlace se dijo líneas atrás.

 

Otra más, es que el ataúd en donde colocaron los despojos inertes del archiduque era pequeño y lo tuvieron que colocar encogido, desatando burlas y comentarios por su origen europeo. Sumémosle que sus restos fueron maltratados y cuando los regresaron a su lugar de origen eran irreconocibles para su propia familia.

Y así podría continuar con más, no obstante, considero que las historias post mortem de Miramón y Mejía también son interesantes, en otras palabras, fueron mexicanos que se decantaron por el bando que terminó vencido, pero no por ello equivocado, pues de haber triunfado, otra sería la historia.

 

Finalmente, el periodo del Segundo Imperio y la República restaurada no se resume a estos momentos y acontecimientos, tampoco a los actores aquí mencionados, simplemente ahora fue mi intención invitar a la contrastación de fuentes e indagar acerca de lo aquí relatado, pues siempre será necesario alimentar la conciencia histórica.