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Sobre Tenochtitlan
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Sobre Tenochtitlan

En esta ocasión escribo desde la cuna de la civilización mexica, pero no se confunda con la mexicana, pues situar las raíces de toda la nación es irrisorio e incorrecto. Pero bueno vayamos al tema de Cortés, 1520 y Tenochtitlan.

Ahora que estoy en la hoy llamada CDMX, anteriormente Distrito Federal pensé en escribir algo sobre esta gran urbe, la cual fue considerada por algún tiempo como la ciudad más grande del mundo.

Entonces, revisando algún acontecimiento relevante, encontré que en 1520 Hernán Cortés sufrió una amarga derrota, por supuesto me refiero a la Noche Triste, hoy también definida como la noche victoriosa. Por cierto, hace un año escribí sobre cómo era mejor decirle, lo sigo dejando a su consideración con la precisión de que hay que conocer varias versiones de un acontecimiento.

Precisando. Hernán Cortés llegó a estas tierras desde 1519, es decir, ya tenía aproximadamente un año intentando asirse del dominio y control total de la gran Tenochtitlan. Habían sucedido algunas batallas y obviamente derrotas y victorias para los dos bandos.

Pero los europeos tenían a su favor el apoyo de pueblos sometidos por los mexicas, oportunidad que no desaprovecharon y atacaron con más fuerza hasta mantener al Huey Tlatoani (gran gobernante) Moctezuma prisionero por largo tiempo.

El 29 de junio de 1520 Moctezuma intentó pacificar al pueblo y la versión más aceptada indica que murió porque recibió una pedrada, también dicen que fue por varias pedradas, aunque la acción finalmente le quitó la vida.

Ese mismo día, el consejo de sumos sacerdotes al que se le conocía como teculatlato designó a Cuitláhuac como nuevo Tlatoani, pues los mexicas no podían ni debían quedarse acéfalos, pues la guerra era más cruenta cada vez.

Ya con Cuitláhuac al día siguiente volvieron a enfrentarse, pero esta ocasión Cortés y sus tropas tanto de castellanos como de aliados nativos, fueron derrotados y obligados a retirarse. La leyenda cuenta que Hernán Cortés lloró amargamente al pie de un árbol ahuehuete, el cual aún se mantiene en pie, aunque no como se deseara, ya que con el paso de más de cinco siglos perdió su vitalidad y recientemente sufrió un incendio.

No he tenido la oportunidad de estar frente al emblemático árbol, sin embargo, en estos días que estado por acá he recorrido algunos lugares donde acontecieron los hechos aquí relatados, es decir, las ruinas del Templo Mayor, observar los vestigios del templo de Axayácatl y obviamente los demás edificios y algunos vestigios que rodean la Plaza de la Constitución.

Cada vez que vengo a la capital del país, procuro asistir a algunos lugares no sólo de carácter prehispánico, sino también virreinales, pues ambos periodos históricos, así como los subsecuentes son elementos indispensables para comprender algunas características del México actual. Finalmente, no pude perder la oportunidad de visitar librerías, me encanta ver y aunque no compre todo lo que veo, es un placer acudir a estos establecimientos.