Textos fúnebres a la memoria de Agustín de Iturbide
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
Salvador Lira
Agustín de Iturbide es de las figuras de mayor controversia en cuanto a sus devenires políticos en los procesos de transición del Antiguo Régimen a los nuevos Estados-Nación. En efecto, su participación en la consolidación de acuerdos políticos en las acciones para la autonomía y soberanía de la Nueva España fue clave. Con todo ello, del siglo XIX al presente su figura se ha visto en una serie de claroscuros en cuanto a ser visto como “Libertador de México” o personaje “no reconocido”, pues cabe señalar que no se le menciona, por ejemplo, en el protocolo del “Grito de Independencia” que se celebra año con año el 15 de septiembre.
Es pertinente mencionar que tales visiones han pasado por diferentes momentos. En algunos, por determinados grupos ha tenido un enclave positivo, mientras que en otros ha sido denostado. Aún está pendiente un estudio revisionista en torno a cuál ha sido la memoria histórica de su figura, a través de la cultura material y el patrimonio bibliográfico, con la interacción de actores, grupos y contextos.
Un ejemplo de tal acción podría vislumbrarse en los distintos testimonios fúnebres que se suscitaron entre la tercera y la cuarta década del siglo XIX. Es pertinente mencionar que, tras su muerte en 1824 en Padilla, Tamaulipas, casi una década después a partir del gobierno de Anastasio Bustamante se empezaron a realizar manifestaciones fúnebres derivados del traslado de sus restos a la Catedral Metropolitana de México en 1838. Muchas de estas expresiones se realizaron en conmemoración del 27 de septiembre, tanto por el motivo del cumpleaños de Agustín de Iturbide, como también por el recuerdo de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, hecho que fue de las primeras señales rituales que significaron la consumación de la Independencia. Se encuentra por ejemplo el testimonio de la Oración fúnebre del Sr. D. Agustín de Iturbide… por Manuel Moreno y Jove, publicado en la Imprenta de la Calle de la Alcaicería Núm. 12 en 1850. Recupera, no solamente la disertación en la iglesia catedral, sino una narrativa del ritual realizado el 28 de septiembre de 1848 y un “argumento histórico” del porqué solemnizar al primer emperador de México. A su vez, se integra el siguiente soneto por el propio Moreno y Jove:
¡Oh Iturbide!, tus hechos te han llevado
hasta el templo eminente de la gloria
y desde allí le muestras a la historia
la verde rama del laurel ganado.
Ya que en triste orfandad nos has dejado
vivimos, ¡oh consuelo!, en tu memoria,
en paz la calma, en guerra la victoria,
he aquí tus votos por tu pueblo amado.
La patria te contempla y te señala,
ya con un gozo que en su rostro brilla,
ya con gemidos que dolor exhala,
y en una y otra vez se maravilla,
y es que recuerda lo que vio en Iguala,
y es que recuerda lo que vio en Padilla.


