Tras 20 años de haberse practicado un aborto voluntario, Flor logró perdonarse.
La Nota Zacatecas
ZACATECAS, ZAC.- Tras 20 años de haberse practicado un aborto voluntario, Flor logró perdonarse.
Por décadas se vio a sí misma como una asesina, muchas veces se comparó con los delincuentes, pensó que su alma y su vida estaban manchadas por la sangre de un bebé, que decidió no tener.
El llanto, tormento y tristeza por varios años se apoderaron de su ser, desde el día que se practicó el abortó algo murió en ella, pues siempre sintió que hizo algo mal y defraudó sus valores familiares, creencias y a Dios.
Su historia
Cuando tenía 20 años, ella se embarazó de su novio de toda la vida, apenas se enteraron, los dos decidieron que lo mejor era no tenerlo.
Javier, su novio, sabía que ella tenía problemas de salud, pues Flor lidiaba con una enfermedad crónico-degenerativa y muchas veces la llevaba al hospital, algunas veces desvanecida.
Al enterarse de la noticia le dio miedo perderla o que su salud se complicara por el embarazo, pues a su edad apenas si pesaba 43 kilos por su enfermedad.
La otra situación era que ambos estaban cursando una carrera universitaria y ese bebé no estaba planeado; ellos, aseguran, siempre se cuidaron.
Del embarazo se dieron cuenta cuando ella tenía un mes y angustiada le contó a Alejandra su mejor amiga, quien le dijo que había opciones y le consiguió pastillas para abortar, las misoprostol. Tenía menos de 50 días de haber concebido.
Flor siguió las indicaciones para inducir el aborto, al cabo de unas horas comenzaron cólicos horribles y un sangrado abundante que se prolongó un mes.
En cada gota de sangre, Flor sentía que se iba su esencia y una parte de su alma, su humanidad y su amor por los demás, para ella fue una experiencia dolorosa, no solo física, si no también espiritualmente. Hasta la fecha, narra, es la experiencia más dolorosa y traumática que ha tenido.
Javier estuvo con ella, la acompañó y la cuidó, pero ese día algo se rompió entre los dos, siguieron juntos, pero a un alto costo.
Luchando contra los prejuicios
A pesar de que los únicos que sabían que se había embarazado y abortado eran Alejandra y Javier, ella se sentía en deuda con la sociedad.
Sentía que le había fallado a sus padres, a su religión, pensaba que cuando muriera iría al infierno y que su decisión era similar al homicidio doloso.
Los años pasaron, nunca dijo nada, se casó con Javier, pero ninguno de los dos lo había superado.
Perdonándose a sí misma
Con el pasar de los años, el movimiento feminista empezó a tener más visibilidad, sus postulados fueron más difundidos y su lucha compartida cada día por más mujeres.
Uno de ellos estaba precisamente a favor del aborto, fue cuando ella se dio cuenta que tenían razón, la maternidad debe ser deseada y la mujer es dueña de su cuerpo.
Esas frases rondaban su cabeza por años, reflexionó y lo pensó, “tenían razón, esas mujeres con paños morados y verdes tenían razón”, para ella fue un proceso que tardó años y que todavía lleva, pero sabe que no es mala persona, que no es una asesina y que simplemente decidió elegir en su cuerpo.
Lo narra ahora, con un nombre ficticio porque es catártico y es la primera vez que lo cuenta fuera de ese reducido grupo que ha estado con ella las últimas décadas.
lo cuenta ahora porque es catártico para ella, pero siempre se sintió mal y pensaba

