Ven porque te necesito
Esta frase es tan común para el momento de la despedida con tu familia, tu pareja, con una amistad entrañable; es parte de quedar con esa emoción y sentimiento de que aquel instante regrese o se pueda volver a vivir. Es cuando valoramos lo importante que esa persona es en tu historia y añoras que puedan estar cerca de nueva cuenta. Son aquellos recuerdos que sabes fueron algún día realidad y por supuesto deseas con toda el alma que vuelvas a estar en ellos.
Después de días muy convulsionados, que socialmente hemos enfrentado, cabe la frase “ven porque te necesito”. Dónde quedaron aquellos días en que nuestra niñez salía sin temor a jugar en las calles, donde el riesgo mayor eran los coches que muchas veces circulaban sin precaución o por supuesto la imprudencia de correr sin brújula por alcanzar una pelota o congelar al resto del grupo. A dónde se nos fue esa juventud que se divertía intensa, pero responsablemente, que tenía el temor de llegar a casa y que papá o mamá estuviera despierta y te dijera “sóplame”. Hoy estamos frente a tiempos que —como decían los y las abuelitas— “no hay temor de Dios”.
¿Qué hemos dejado de hacer como madres y padres de familia? ¿Acaso sin darnos cuenta nuestras prioridades han cambiado? Desde cuando como responsables de nuestros hijos dejamos de preocuparnos por dónde están o con quién andan. Parto de este tema personal porque es recurrente que desde la autoridad se busque responsabilizar a las familias por lo que hacemos o se deja de hacer desde el núcleo familiar indistintamente de cómo esté compuesto.
Sería hablar de complicidad, si negamos nuestra responsabilidad.
Sin embargo, estoy convencido que la crisis social, de valores y principios que vivimos no exime a la autoridad; en su caso tanto la acción como la omisión provocan consecuencias que nos alcanzan a todas y todos por igual.
Las generaciones entre los 15 y los 30 años es en las que encontramos el daño más severo, adicciones a muy temprana edad, involucrados con la delincuencia organizada, participación en la comisión de delitos, sobresaliendo la consecuencia, vidas perdidas.
Los hechos que lastimaron recientemente a familias de los municipios Nieves (Gral. Francisco R. Murguía) y Río Grande con la privación de la libertad primero y posterior con la forma cruel en la que fueron localizados los cinco cuerpos de estos estudiantes calaron hondo en toda la región norte del estado y por supuesto preocupan a toda la entidad; estos no pueden quedar solamente en estadística, no pueden ser ignorados, urge tomar conciencia de que algo no está bien, muchas cosas no están funcionando. No puede esperar más el revisar si hay estrategia, si existe y no funciona es grave; urge el alto en el camino, de lo contrario, sí, la tragedia continuará para desgracia de todas y todos.
Hoy la delincuencia nos rebasó, hechos como estos se convierten en una constante, no lo podemos permitir ni las ni los zacatecanos, mucho menos los órdenes de gobierno; urge la inversión, la coordinación y la comunicación para que hagamos frente común y busquemos cambiar nuestro presente de miedo, incertidumbre y dolor. Siempre seremos más los buenos que los malos ¿estamos de acuerdo?
Con solidaridad y respeto a las familias de Alexia, Valeria, Natalio, Irving y Luis, por todas y todos los que nos han arrebatado.
La paciencia se agotó y la realidad nos rebasó; la sociedad está consciente y nos urge regresar a un entorno de paz, seguro y tranquilo, les queremos de regreso. Son tiempos de hacer y actuar y qué mejor si es con la inspiración que cantan Los Temerarios “cuando pienso en ti mi tristeza crece, tu recuerdo llevo en mi corazón y quisiera verte, cuando pienso en ti”.

