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Luna Nueva

Tarjetas de crédito, un gran invento

Hace unos días vi un programa en el que contaban la historia de cómo fue que se inventó la tarjeta de crédito y realmente me sorprendió el poco tiempo que lleva en la vida del hombre, apenas 76 años, porque en la actualidad es poco menos que impensable no tener al menos una. Creo que las nuevas generaciones desconocen cómo se usa el dinero en efectivo.

De acuerdo con el programa este gran invento nació a consecuencia de un olvido en 1949, cuando el empresario Frank McNamara olvidó su cartera al pagar en un restaurante de Nueva York y para resolver el aprieto en el que estaba, firmó un pagaré. Al año siguiente, creó Diners Club, la primera tarjeta que permitía consumir en varios negocios sin usar efectivo. 

Luego, en 1958, el Bank of America lanzó la primera tarjeta bancaria masiva, que hoy conocemos como Visa y nació también American Express,  poco después Mastercard.

Al principio, estas tarjetas eran de papel o cartón. Luego, evolucionaron a plástico con banda magnética, chips, hasta llegar a pagos prácticamente sin contacto.

El problema entonces eran la poca durabilidad de la tarjeta -recordemos que las primeras fueron de papel y de cartón-, otro problema y grave, fueron los fraudes ya que no había tantos controles internos como ahora y además porque la distribución masiva que se hizo al principio incluía niños y mascotas, fue como en nuestros tiempos en las elecciones en que votan hasta los muertos… 

Era tal la novedad de comprar sin dinero que nadie rechazaba un crédito, pero con tanta tarjeta, desafortunadamente, hubo quienes se pasaron de listos y compraron mucho y no pagaron con la consecuente pérdida para los bancos, porque no había una forma efectiva de identificación y localización de los clientes.

El manejo de las tarjetas bancarias ha evolucionado, como todo. Hoy hay más organización y más control tanto para las instituciones crediticias como para los usuarios, tristemente siempre habrá vivales en ambos lados, tanto, que lo que hace 76 años fue un atractivo, ahora es un temor para algunos.

No es sólo el mal uso de estas herramientas financieras, porque hay quien piensa que una tarjeta de crédito es una extensión de su salario o que puede fácilmente evadir sus responsabilidades por carecer de educación en el tema, por no leer la letra chiquititita y porque no siempre, quienes las ofrecen, dan la información completa y entonces tener una tarjeta de crédito se convierte en una pesadilla.

No es nada agradable lidiar con los departamentos de cobranza de los bancos y luego, es casi imposible poder cancelar una tarjeta bancaria.

He tenido malas experiencias. Una vez que compré a meses sin intereses cuando era una novedad, y liquidé a los dos meses de mi compra, pero la cuenta siguió cobrando porque no registraba pagos a partir del tercer mes y recientemente, hace ocho meses en que me dejé envolver para contratar la tarjeta Invex en Walmart.

Me prometieton que podría usarla de inmediato y no puede y al no poder, porque me dijeron en caja que no estaba activada, di por sentado que si no la usaba no pasaría nada, pues se activaría cuando la usara, pero oh sorpresa, al mes de haber hecho el trámite mi teléfono empezó a ser un arma de tortura: cada dos minutos una llamada para cobrarme no sé cuanto.

Para tramitarla te ayudan para que no te molestes, para que todo se haga bien y para asegurarse de que lo hagas, pero cancelar es un calvario. Una grabación te pasa a otra y a otra durante horas literalmente y no se logra nada.

Fui al módulo de atención al cliente para pedir que así como me evitaron toda la molestia en hacer el trámite para endilgarme la tarjeta, así me ayudaran a cancelar. Yo no estoy dispuesta a pagar ninguna cantidad que no he gastado, sólo porque a alguien se le pega la gana.

Me atendieron amablemente, pero ni ahí pude deshacerme de ese plástico del demonio. Fui a Conducef, pero de inmediato entendí que no había forma de que esa institución estuviera de mi lado. Desde atrás de un escritorio, comiendo lo que asumo era su lonche, un joven me informó que para poder hacer algo por mi debería presentar una serie de requisitos que son un dolor de muelas.

Quiero cancelar porque me están cobrando sin haber comprado nada, me cobran con el argumento de que no he comprado nada y tenía que consumir a fuerza, pero nunca me dieron esa explicación… y he descubierto que muchos amigos y conocidos están en la misma situación por información inexacta, inconclusa o confusa. 

Por ello, ¿como presentar un estado de cuenta en ceros ante Conducef para que actúe? ¿Cómo dar un folio de cancelación si para lograr que te atiendan debes tener una resistencia inusual al desprecio y la desatención, porque pasas horas esperando que tenga éxito tu llamada? Desde ahí debiera haber una sanción, pero evidentemente no la hay.

Suponiendo que no soy la única que llegó a pedir ayuda a Conducef, ¿porque la institución crediticia sigue operando con impunidad? ¿Por qué quienes confiamos debemos pagar con dinero, reputación y un mal comentario en el Buró de Crédito? ¿Por qué no interviene la Comisión Bancaria y de Valores, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público o el Banco de México? ¿Quién se está enriqueciendo con este tipo de abusos? ¿Por qué si hay más de una queja -yo conozco a siete personas en la misma situación y con los mismos argumentos- sigue la encargada en el módulo cuando no a la información completa?

La idea de pagar sin dinero confiando en el honor, honestidad y responsabilidad del cliente es buena, por eso la invención de la tarjeta de crédito fue un éxito, pero ahora, más de tres de mis amigos, familiares y conocidos rehuyen a esa herramienta financiera…

Y usted, ¿conoce a otro incauto que cayó en la trampa de Invex?