El bello arte
Devany Rojas
Hay algo que desde que era niña me ha apasionado, algo que, aunque no es material ni palpable, se puede sentir. Lo descubrí siendo muy pequeña, gracias al azar y desde entonces se ha vuelto una parte fundamental en mi vida. Conforme fui creciendo caí en cuenta de su gran importancia en la vida de cualquier persona y también descubrí que, aunque yo lo amo hay quienes le temen, siendo esto considerado como “el miedo más grande para muchas personas”, y me estoy refiriendo al bello arte de hablar en público: La oratoria.
En este artículo además de dar mi opinión, me apetece poder redactar un poco de mi historia. Cuando estudiaba en los niveles básicos de primaria nos pidieron hacer un ejercicio, elaborar un ensayo y exponerlo frente a la clase, una vez expuestos la maestra preguntó acerca de cuál trabajo había sido del agrado de la mayoría, para mi sorpresa mis compañeros votaron por el mío, gesto el cual agradezco hasta el día de hoy porque gracias a esas votaciones descubrí lo que sería una de las cosas que más disfruto hacer en la vida. Al día siguiente la maestra me platicó acerca de un concurso de oratoria que se llevaría a cabo dentro de la institución en la que estudiaba, el hecho de decirme que tenía que subir al escenario y frente a un público de todas las edades exponer mi ensayo simplemente fue una idea que me asustó, al grado que le pedí eligiera a otra persona, la maestra a quien recuerdo con profundo cariño me dijo que eso no sería posible, pues mis compañeros habían votado por mí y si no aceptaba entonces mi grupo se quedaría sin participar, ahí tuve un fuerte sentido de la responsabilidad, decidí afrontar el reto y prepararme.
Sin tener ninguna noción sobre los concursos de oratoria ni cómo preparase para ellos todos los días ensayaba frente al espejo, usaba mis manos y hacía uso de mi lenguaje corporal, el día del concurso sentí que los nervios me consumían, volteaba hacia atrás y veía cómo poco a poco el auditorio se llenaba, sentía que iba a desistir, imágenes catastróficas bombardeaban mi mente acerca de lo peor que podía pasar, veía a mis compañeros concursantes llenos de miedo al igual que yo, y con nuestras hojas sobre las manos no podíamos hacer más que seguir practicando las ideas en nuestra cabeza, justo antes de pasar traté de relajarme y pensé que así como yo cualquier persona se pondría nerviosa al tener que estar hablando frente a un público, el maestro de ceremonias mencionó mi nombre, caminé hacia el escenario, todo en completo silencio, el público viéndome y esperando a que las palabras salieran de mi boca, así que ya no había tiempo para nerviosismos, sólo inicié… Y desde entonces todo cambió, la sensación de comenzar a declamar y de adueñarme del escenario por unos minutos fue inexplicable, una sensación de adrenalina combinada con satisfacción y, a la vez, una niña de 13 años autodescubriéndose fue simplemente maravillosa. No diré que fue la participación perfecta, pero me hice merecedora de un tercer lugar; sin embargo, cuando bajé del escenario sabía que no quería que fuera esa la última vez que hacía eso que llamaban “oratoria”.
Como mencioné con anterioridad, la oratoria es el arte de hablar en público con elocuencia, cuya finalidad es la de persuadir a cierto número de personas acerca de algún tema en específico, significa subir a un escenario o pararse detrás de un ambón y hacer uso de un recurso tan poderoso como es la voz. Y es que las palabras funcionan como un arma, que por una parte tienen la capacidad de edificar, de ayudar, de conmover, pero, por otro lado, si no son bien empleadas dentro de los discursos pueden causar mucho daño y destrucción. Todas las carreras y las áreas profesionales necesitan de comunicación asertiva, por tal razón considero que las instituciones académicas públicas o privadas deberían incentivar a los alumnos a desarrollar sus habilidades dentro de este arte, para algunos significa pasión, para otros es un sacrificio, para mí es un estilo de vida.

