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El engaño de comprar local
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El engaño de comprar local

Iván López 

 

Es un engaño común en la política soltar frases de bonitas intenciones sin respaldo intelectual en el área económica. Es lo que pasa cuando se promueve consumir lo local sobre lo extranjero, argumentando el bienestar común (¿aún recuerdan la gasolina a 10 pesos?).

 

Nada más falso. Preferir comprar lo local frente a lo extranjero aunque lo propio sea más caro y de peor calidad sólo daña al consumidor. Y esa falacia no es sólo propia de las economías atrasadas y de capitalismo de cuates como la mexicana –y por supuesto la economía zacatecana entre ellas– también ha hecho mella en los países ricos.

 

Recientemente, el presidente estadounidense Joe Biden anunció que planea lanzar un programa llamado Compra Estadounidense, que lo único que logrará es que los insumos –bien de cualquier clase empleado en la producción de otros bienes– y que ya ha despertado voces de advertencia sobre lo peligroso que sería para afianzar la recuperación económica y el crecimiento en el vecino del norte.

 

El también anunciado gasto público para la construcción de infraestructura provocará inflación, es decir, incremento de los precios, pues una carretera no crea desarrollo, por el contrario, es el desarrollo el que crea carreteras, cuando es necesario.

 

Recuerdo una anécdota de mi infancia, cuando conocí a unos pescadores de abulón, un  molusco muy apreciado y por tanto de buen precio, pero que para acudir a pescar debían atravesar una larga carretera de terracería. Durante un evento público en el que participó el gobernador en turno, este se comprometió –sin consultar– a pavimentar los accesos a esas playas para beneficio de tan buenos empresarios. Pero en el acto, los pescadores le agradecieron la atención para  hacerle una genuina petición: “nosotros no queremos carretra pavimentada, eso hará que llegué mucha gente y el abulón ya no va a venir a estas playas, mejor déjenos así, nosotros preferimos estar cambiando de suspensión cada año a una carretera bonita”.

 

Apoyar la producción local sólo es un atentado contra todos los consumidores, a cambio de  beneficiar a unas cuantas familias, normalmente, amigas del poder. Los programas de infraestructura siempre se hacen en propiedades de los políticos en el poder. Cuando era reportero en un municipio del sur de Zacatecas hace unos cuantos trienios, se dieron a conocer los nombres de los regidores plurinominales, pueblo chico, infierno grande, se conocía donde tenían propiedades, entonces vaticiné los barrios y las comunidades que tendrían obras prioritarias, a cambio de votos en el cabildo. Al principio se rieron. Al poco tiempo, la realidad me dio la razón. No se apoyó al más débil, al más necesitado, sino al que estaba más cercano al poder. Así es siempre que se gasta dinero ajeno, dinero público, pocos ganan, muchos pierden.

 

Si en México, bajo la bandera de la soberanía alimentaria o cualquier otra consigna en tiempos de precampaña se propone comprar lo local sobre lo extranjero, prepárese a pagar más por su comida.

 

Una empresa que es eficiente, no necesita apoyo del gobierno, si es ineficiente, no lo merece. Así de fácil.