Calleja

Normalmente cuando hablamos de la guerra de independencia nos imaginamos a Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz, Vicente Guerrero y quienes más se adentran, en Agustín de Iturbide. No obstante, se nos olvidan los personajes que estuvieron con la
misión de resguardar el orden virreinal.
Uno de los más vilipendiados y hasta denominados como villanos, es el general Félix María Calleja; de él se piensa que estaba en contra del pueblo, que quería derrotar completamente el levantamiento y hay quien ha dicho que era sanguinario.
Si bien, todos los calificativos pueden y tienen algo de razón, todo depende del cristal con que se mire, o mejor dicho de qué bando se quiera tomar. En otras palabras, la historia nacionalista que se nos ha enseñado desde los primeros años de la escuela, nos
indica que todos los insurgentes fueron casi inmaculados y todas, todas sus acciones tenían razón de ser.
Pero pensemos en contraparte, es decir, las autoridades virreinales habían mantenido un orden por más de tres siglos, mismos que obviamente no querían que se perdiera. Pero aquí no tomemos partido sino analicemos de manera sucinta.
Calleja nació en Medina del Campo, España en 1755, en el periodo del reformismo borbón arribó a la Nueva España y se hizo cargo del regimiento de la intendencia de San Luis Potosí. Con el levantamiento armado de 1810 logró sofocar la insurrección y derrotó a
Hidalgo y sus tropas en varias ocasiones.
Mantuvo a los españoles peninsulares de su lado así como a gran parte de los criollos durante gran parte, pues de esa manera continuarían con el tipo de vida y beneficios a los que estaban acostumbrados. Aunque también es cierto que el sistema de gobierno
rechazaba y sobajaba a las demás castas, no sólo Calleja.
Después de las derrotas de Hidalgo, Allende y compañía a manos de este general, Félix María Calleja escaló en el aparato virreinal y el 4 de marzo de 1813 a la salida del Francisco Xavier Venegas le sustituyó como virrey.
Pero su mayor triunfo ocurrió en noviembre de 1815 cuando capturó a Morelos y éste terminó fusilado, situación que determinó su enemistad con los criollos, sumémosle que fue acusado por el obispo de Puebla de solapar los excesos e injusticias de Agustín de
Iturbide obligándolo a terminar su virreinato en 1816.
En 1818 ya se encontraba en España y ahí tuvo otras vicisitudes que dejaré para otra ocasión, pues quiero terminar comentando que, sin el afán de defensión, el sujeto es objeto y circunstancia de su tiempo, actuó en consecuencia de su responsabilidad y convicciones.
Entonces a quienes nos interese la historia no tomemos partido, sino analicemos desde una neutralidad frugal a la mayoría de las personas participantes de la historia, en este caso recomiendo los estudios del historiador Juan Ortiz Escamilla.
