La Defensa de la Cultura
¿Hacia dónde va la cultura mexicana en la actualidad?
Carlos Alberto Saucedo Medrano
Veo con tristeza que los referentes culturales se han perdido y que en su lugar proliferan hombres y mujeres –que tienen todo nuestro respeto–, pero que inundan a las nuevas generaciones con contenidos zafios y promiscuos. La cultura, entendida como una expresión de la comunidad, como un racimo de expresiones y rasgos de una sociedad, se va encaminando más a la banalidad que a la realización plena del ser humano.
El sitio de la fiesta brava como promotor y conector de la cultura con otras expresiones artísticas se ha mimetizado. Hoy ya no existe. Pareciera pues que el toreo cumple con un discreto renglón de la región más transparente, mismo que reza que lo culto es oculto, sin embargo no nos negamos a morir ni a quedar en ese anonimato.
Por ello fue que la semana pasada, más de 15 mil aficionados a las corridas de toros, la charrería y las peleas de gallos, salieron a marchar en la Ciudad de México en defensa de nuestras tradiciones y de la cultura popular. Esta manifestación (ninguneada por los grandes medios de comunicación) eleva un grito de protesta contra todas y todos aquellos integrantes del Poder Judicial que desde la Judicatura quieren legislar abriendo ventanas pírricas sustentadas en el mastique falaz de que esas expresiones culturales atentan contra el derecho a un medio ambiente sano.
La manifestación del jueves pasado tiene que motivar a todas y todos aquellos quienes viven o simpatizan con estas tradiciones para que se sumen a la causa, la cual tiene como objetivo blindar al toreo nacional y a toda expresión cultural de sus ataques prohibicionistas; pero eso no queda ahí: esta lucha abraza al más puro humanismo que lleva batido a duelo desde el nuevo milenio, contra un feroz animalismo y mascotismo que pretende equiparar la valía de un humano con la de un animal.
Hoy no debe haber medias tintas. Quienes amamos la fiesta brava nos convertimos en soldados al servicio de nuestra cultura; en promotores y defensores de un espectáculo legal e histórico; el cual, a nuestra honra, forma parte del patrimonio cultural de México. En este espacio nunca cejaremos en el exhorto a apropiarnos de las calles, de las plazas y plazuelas para pregonar que no estamos muertos ni ocultos como nos quisieran ver; sino que tenemos un corazón vivo y jubiloso por cuyas arterias fluye el más puro y exquisito goce del arte del toreo.
Por la cultura, por los valores y el arte en su expresión más pura: ¡Que viva la fiesta brava!

