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Receso escolar
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Receso escolar

 

Jesús Domínguez Cardiel 

En prácticamente todo el país el grueso de la población estudiantil se encuentra en lo que ahora se ha denominado como receso escolar.

En mis recuerdos de infancia se le llamaba simplemente vacaciones o al menos así nos lo hacían saber nuestras maestras y maestros de primaria. Sobre esto tengo gratos recuerdos, pues en la cuadra donde vivía había una camarilla de niños que nos juntábamos a jugar.

Eran juegos de la época, que tal vez para las generaciones recientes sean desconocidos o anticuados, pero en las décadas de los 90 y 2000 eran divertidos; me refiero a las canicas, el trompo, los tazos, la bicicleta, el “changai”, el burro 16 y por supuesto, las retas de futbol.

No salíamos todo el día, pero regularmente era por las tardes cuando el fresco de los vientos veraniegos movía los árboles de aquella cuadra, aunque lo más divertido era cuando llovía y en los portones (una calle donde había una pensión, pero así le llamábamos) hacíamos el partido de futbol hasta que la corriente del agua descendiendo por las calles detenía el balón o hacía que nos cayéramos.

Poco o casi nada se conocía de los cursos de verano, tal vez no había o al menos yo no los conocía. Tampoco mi hermana creo que los haya escuchado, pues en esos tiempos era quedarnos en la mañana con nuestros primos y primas que visitaban la casa del abuelo y la de mi mamá que eran contiguas.

Como es normal, las cosas van cambiando y las actividades o las costumbres de igual manera. Con el paso del tiempo, aquellas actividades se modificaron; mi hermana y yo nos dedicamos a la danza y nos íbamos a nuestros ensayos con los respectivos grupos y otras actividades juveniles, como salir a pasear, ir por un helado o algo por el estilo.

Posteriormente hicimos nuestras vidas como padres de familia y comenzó una nueva etapa. Desde hace 15 años llevamos a nuestros hijos e hijas a cursos de verano; de natación, de pintura, de baile o simplemente recreativos.

La razón, no estoy bien seguro, pero tal vez derivado de los peligros que ahora hay en la calle o porque simplemente no hay más niños con quienes compartir, pues ahora se les ve desde tempranas edades con otras intenciones o porque también a ellos se les lleva a los mencionados cursos.

Sin embargo, como mi madre dice: “la ociosidad es la madre de los vicios”, por eso hay que mantener a la niñez ocupada, pero no se piense en cuestiones académicas solamente, sino más bien en la recreación, en juegos, paseos, visitas, asistencias a espectáculos deportivos o culturales, etc.

Así, tanto padres de familia como la niñez pasaremos un receso escolar más tranquilo y evitaremos otro tipo de problemáticas familiares. Por supuesto, comprendo que no todos los adultos estamos de vacaciones, sin embargo, por las tardes o en el momento que sea posible intentemos darles a nuestros hijos e hijas buenos recuerdos familiares y veamos a estos momentos como un periodo de renovación de fuerza y así comenzar el siguiente ciclo escolar con altos bríos. 

Nos vemos en próximas semanas.