¿Un nuevo marco normativo para la fiesta brava en México?
Rabo y orejas
Las declaraciones de la Presidenta de la República en torno a la reforma sobre bienestar y protección animal, prendieron las alarmas de los estamentos de la fiesta brava. Al mencionar Claudia Sheinbaum que ella se encuentra del lado de los animales, no faltó quien pensó en que esto sería el principio del final del toreo como lo conocemos en México. Incluso otros afirmaron que sólo se trataba de una cortina de humo.
El martes 12 de noviembre se aprobó la mencionada reforma y los posicionamientos del coordinador de la bancada oficialista en San Lázaro, el diputado Ricardo Monreal; así como del diputado Pedro Haces no dejan lugar a dudas: las corridas de toros seguirán, pero al estilo incruento, o lo que es igual, una lidia del toro sin uso de puyas, banderillas ni estoque.
Es alarmante que el grupo EMSA, Tauromaquia Mexicana, las Uniones de Profesionales y la ANCTL no hayan marcado la pauta de defensa mediática en torno a estas nuevas medidas. Esto se puede traducir en dos vías: o desde siempre estuvieron de acuerdo con los planes de modificar las corridas o les prometieron que las mismas no se tocarían y al final no fue cierto.
Y es que, en comparación a la movilización y defensa de La Plaza México durante su proceso judicial, esta coyuntura no muestra atisbos de atención ni de levantar la voz. El clima se ve terso y preparado para un cambio radical.
Por lo tanto, es un hecho que nos acercamos hacia un nuevo marco normativo que regulará el espectáculo y que puede ser de observancia nacional. Recordemos que las corridas de toros, como espectáculo lícito, tienen su sustento legal en los reglamentos que los municipios y las entidades federativas tienen vigentes.
Al existir una norma de carácter nacional en la materia, cabe hacernos las siguientes preguntas: ¿Quién designará las autoridades de plaza en los municipios y comunidades? ¿Habrá un peso estandarizado para aprobar la lidia de los toros y novillos? Sin puyas ni banderillas: ¿Desaparecen los picadores? ¿Cuáles serán los premios de las faenas? ¿Se suprime la figura del indulto?
Considero que los involucrados no han dimensionado, en su medida real, los alcances de toda esta reforma. Parece que la pasividad y la pereza nos colocaron en una posición desfavorable, una en la que sólo nos quedan 180 días para lograr el cabildeo necesario que dé respuesta a los planteamientos arriba descritos y muchos más en los que los profesionales se blinden a carta cabal.
Los males endógenos de la fiesta y nuestras debilidades estructurales quedan de manifiesto y nos agarran mal colocados.

