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Acuérdate de Acapulco
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Acuérdate de Acapulco

Carlos Peña       

Son muchos los hechos que de manera permanente vienen a nuestra mente cuando escuchamos el “acuérdate de Acapulco”, esa frase sirve para ligarla con alguna picardía, aventura, anécdota e incluso experiencias de vida; por años la hemos utilizado, resulta pues, aplicable a innumerables circunstancias y momentos.

Estamos en una coyuntura política en la que perfectamente cabe vincularla. Las y los diputados locales en Zacatecas han estado en el ojo del huracán en las últimas semanas, no sólo por los conflictos internos, las pugnas grupales e incluso los señalamientos personales que resaltan en una sesión y en la otra también. Si bien, en la actividad parlamentaria resulta altamente probable que surjan confrontaciones y debates acalorados, hoy no me referiré a ello, que mucho podemos decir, el tema en boga es sobre las conocidas y polémicas “herramientas legislativas”.

Nombre que por legislaturas ha venido cambiando; me asumo en ello, porque en la 61 Legislatura tuve la honrosa responsabilidad de ser diputado local. Años atrás como en la época actual, siempre existe una sombra oscura que empaña este recurso que tiene como esencia la capacidad no de gestión, sino de respuesta a la misma que, en este cargo, “algunas y algunos” buscan resolver ante la solicitud constante de la población por recibir algún apoyo, sobre todo cuando llegas a ese espacio producto de un proceso electoral, pues la exigencia ciudadana se agudiza; no necesariamente es así cuando el origen son las listas de representación proporcional, o peor, las tómbolas. 

Esto lo subrayo porque la ciudadanía ve en las y los legisladores la posibilidad de una fuente más de respuesta a sus necesidades; no encuentran posible, en quienes les representan, que únicamente cumplan con su obligación, en ello va la tarea de legislar, asistir a las sesiones, dictaminar, aprobar o proponer lo referente a leyes e iniciativas.

Tampoco vale como se quisiera que se gestionen recursos extraordinarios, obras, programas o acciones para sus regiones (bueno cuando esto existía, hoy hasta para regresar batallan) lo que se valora es que lleguen con un apoyito para el gas, el agua, la luz, para el medicamento, el uniforme, el transporte, que se ayude para un cementito, las láminas y un sinnúmero de planteamientos que se presentan y van desde el padrinazgo en el bautizo, hasta desafortunadamente, gastos funerarios.

Hago este recuento porque no todo es tan malo como parece ni tan indispensable como se cree. Sin embargo, hay quienes desgarrándose las vestiduras han explotado el tema con un ganado (con excepciones) sello de corrupción. El problema no radica sólo en que exista recurso para la gestión de las y los legisladores, el grave problema es cuando no se aplica de manera correcta, cuando se simula, cuando no cumple la función para la que fue aprobado, el colmo y el exceso ha llegado a límites desproporcionados, por eso y más estas partidas han alcanzado la mayoritaria desaprobación social.

Como pocos, el asunto de las “herramientas” alcanzó ya en pocos meses el voto y el veto, esperemos que todo se aclare, porque hay quienes quieren que llegue hasta “el bote”.

La acción de vetar la publicación para el regreso de estos recursos que realizó el gobernador David Monreal, desde una óptica puede ser un triunfo ante la exigencia; aunque, por otro lado, la muy limitada capacidad económica que tienen los municipios y el mismo estado (generado por el estilo de distribución del recurso desde el Gobierno de México y con la complicidad mayoritaria de la cámara de diputados), quien más perderá es la gente que sí recibía algún tipo de apoyo.

Hoy no podemos ser sólo críticos e inquisidores del polémico tema, de una manera u otra hemos permitido, fomentado o aprovechado que partidas destinadas a la gestión como estas tuviera vigencia. Ya lo cantaba Agustín Lara en la canción María bonita: “acuérdate de Acapulco, de aquellas noches, María bonita, María del alma”.

Muchas felicidades para todas nuestras hermosas mamás en su día, que la plenitud de la vida les permita seguir disfrutando de la enorme dicha de ser madres.