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¡Aromas se quemen!
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¡Aromas se quemen!

Jesús Domínguez Cardíel

 

¡Aromas se quemen

de plácido olor

delante del niño

derrámense flores

adórenle reyes y pobres pastores

y cantos entonen

a Dios Salvador

a Dios Salvador!

 

Y con un largo ¡Salvadoooor!, en muchas veces mal entonado y otras veces con un estilo y timbre agudo se cantan las mal llamadas “aromas”, pues en realidad reciben el nombre de Himno para el Niño Dios.

 

Y aunque hay quien dice: “de plas y de olor”, “de plas y dolor”, “de paz y dolor”, o, “en cuanto sentonen” y “encantos entonen”, estas alabanzas son una tradición en muchas partes del país y aunque la tonada varía de acuerdo a la región, tienen el mismo objetivo; pero todas se ejecutan entre el 24 de diciembre al 2 de febrero Día de La Candelaria, a propósito del día de ayer.

 

Se realizan después de un rosario y obviamente del acostamiento o el levantamiento del Niño Dios; precisamente, en este último punto hay otro canto que va enunciando parte por parte la prenda que se le coloca a la imagen del infante. Recuerdo que esta tradición ha cambiado a lo largo de los años que la he visto, pero mantiene la esencia de vestirlo y posteriormente darlo a adorar a cada uno de los asistentes.

 

Respecto a esta situación, hay quienes dan un ósculo en la mejilla, otros en la cabeza y otros más en la mano o el pie; según versa la tradición de mi abuela, debe ser en su pie o en la mano como motivo de la adoración, pues de hacerlo en la cara correspondería a la acción de Judas Iscariote.

 

Así, mientras se hace la adoración se continúa cantando y obviamente tomando un dulce, chocolate, galleta o malvavisco, cosa que encanta a chicos y grandes. Prosigue el ritual con un canto denominado “Despedimiento” y en efecto, le dicen “adiós al niñito lindo, lindo sin comparación…”, aunque recientemente no he visto que se use de manera generalizada.

 

Finalmente y como muchos sabrán, se entregan los bolos que en tiempos pretéritos también fueron nombrados “aguinaldos”. En este sentido recuerdo que mi padre me comentó que en su lugar de origen, se entregaban en la mano, por lo que los señores se quitaban el sombrero para usarlo como depósito, mientras que las mujeres llevaban las famosas “redes”, pues constaban de cacahuates y algunas frutas, principalmente naranjas, mandarinas y cañas. Ahora son fundamentalmente de dulces que también son del gusto de grandes y chicos.

 

Finalmente, este pequeño recuento podrá haber despertado los recuerdos de alguien, pues tal vez los vivió de una manera que dejaron huella, sin embargo, la idea no es hacer apología de la religión, sino más bien, de la convivencia social, familiar y hasta de amistad, pues después del acto, se ofrece u ofrecía una cena, principalmente de tamales y buñuelos, pozole o algo similar, y de tomar atole y café con canela.

 

A propósito del Día de la Candelaria, todo esto es una representación de cultura y tradiciones mexicanas.