Carlos Fuentes y su afición por la fiesta brava
Carlos Saucedo Medrano
curromedrano05@gmail.com
El pasado domingo 15 de mayo, el escritor Carlos Fuentes cumplió su décimo aniversario luctuoso. Fue considerado uno de los más importantes exponentes de la literatura nacional y todavía es motivo de debate el por qué no ganó el Premio Nobel en dicha rama.
El primer acercamiento que tuve a la obra de Carlos Fuentes se dio así: Mauricio Moncada, docente de Letras en el bachillerato, nos hizo leer una edición de la revista Barca de palabras -su número 20 del año XI, para ser precisos- en la que se cita un pasaje de Aura. Quedé prendido de su forma de escribir desde entonces.
Durante el periplo pandémico, bajo el influjo y la fatiga de los aludes discales, me encontré con un pasaje de la novela La Región más transparente en la que el escenario es la plaza de toros del Toreo de la Condesa. Dos personajes de la novela se dan cita en el antiquísimo coso y poco les falta para darse de moquetazos con otros espectadores, mientras dejan libres, con sonetos y faenas no ligadas, sus despechos amorosos.
Un infante Carlos Fuentes vio torear a Manolete. La figura de aquel califa del toreo le provocó al escritor nacido en Puerto Rico, un asombro notable. Quietud y sereno aguante del de Córdoba para germinar en el ser artístico del escritor sentimientos y hondos placeres que después derivaron en magníficos libros.
El regalo del escritor a la tauromaquia mundial fue su pregón taurino dictado en Sevilla, el 20 de abril de 2003. Ahí vació su todo su conocimiento sobre la fiesta, aderezado con poemas de Rilke, Sor Juana, Quevedo, García Lorca, entre otros. Un entreveramiento cultural exquisito en el que hizo énfasis sobre la relación que se da entre la vida y la muerte, entre el hombre y la naturaleza:
“Vi la escenificación de la angustiosa condición humana ante la naturaleza: ser absorbidos por ella o dominarla. Y dominarla de qué manera, explotándola destructivamente o respetándola, sabiendo, como sabía esa tarde en México Manolete, que él iba a morir y el toro iba a sobrevivir… El torero, al cabo, es el que perece y el toro, al cabo, es el que sobrevive…” (1)
Ya sea en el lecho de muerte de Artemio Cruz, en el andar solemne de Felipe Montero por la calle de Donceles o quizás en el alma guardián de Ixca Cienfuegos; cada mexicano se ve reflejado en los textos de Fuentes. Los aficionados a las corridas de toros tenemos el privilegio de contar con un embajador que nunca se olvidará y que a su vez reconoció, que la tauromaquia es parte fundamental de nuestra cultura. Queda en nosotros, los aficionados, preservar el valor cultural de este patrimonio, acercarlo a las nuevas generaciones y situarlo entre las esferas de los intelectuales con el reconocimiento que alguna vez gozó.
- Fuentes, C. (2003). Pregón Taurino de la Feria de Sevilla. Consultado el 13 de mayo del 2022 y extraído del portal: https://desolysombra.com/2020/02/27/pregon-de-sevilla-por-carlos-fuentes/

